Opinión

CARTA DE LOS LECTORES

CARTA DE LOS LECTORES

40 segundos

Señor director:

¿Qué podemos hacer en 40 segundos? Quizás leer dos párrafos, barajar las fichas de dominó antes de una partida, o ponerte los zapatos en un momento en el que estés tarde para ir a trabajar. Hay muy pocas cosas que se pueden hacer en ese tiempo, sin embargo, cuando en una actividad solemne por alguna razón piden un minuto de silencio, los últimos 40 segundos parecen una eternidad.

Este curioso fenómeno se debe a que en el momento que sabes que tienes que esperar tu cerebro comienza a generar ansiedad, porque todas las esperas producen tensión, aun cuando esta no traiga consigo algún desenlace emocionante.

Casualmente el promedio de espera en un semáforo es de 40 segundos y, a juzgar por el comportamiento de los dominicanos, ese lapso insignificante es insufrible. Una de las principales razones por la que el tránsito en nuestro país es caótico es precisamente porque no somos capaces de esperar 40 segundos. Buscamos todas las excusas: “no vienen carros del lado contrario”, “es muy tarde”, “es muy temprano”, “no hay ningún amet que me esté viendo”, etc.

No somos capaces de reparar en las consecuencias de lo que hacemos. Si somos complacientes con las violaciones a las leyes de tránsito, no podremos exigirle al conductor que viene en la vía contraria que no asuma la misma actitud.

Está demostrado que este problema no está en nuestros genes sino en la actitud, ya que los dominicanos que van a otros países son los más respetuosos de las leyes de dichos estados, sin embargo, una vez en puerto dominicano, se creen con derecho a violar todas las leyes en parte, porque no reciben el castigo que deberían, pero la principal razón es porque tenemos el jodido complejo de Guacanagarix. Todo lo extranjero es lo bueno sin embargo, tenemos muy poco amor por lo nuestro.

Pero no quiero obviar la primera parte de este análisis para la conclusión del mismo. Como parte del problema es que el cerebro crea ansiedad en los tiempos de espera, tenemos cosas que pueden distraer nuestra mente para no tener la tentación de cruzar el semáforo en rojo, como la radio o una buena conversación si llevas a alguien al lado.

Hagamos las cosas bien aunque nadie nos vea, aunque no nos lo reconozcan porque de esa manera contribuimos al orden público, mejoramos el tránsito y por ende, llegaremos más rápido, gastaremos menos combustible y andaremos en una ciudad más segura.

Atentamente,

Anatoli Peralta

El Nacional

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