Casa Abierta
Señor director:
Esto llora ante la presencia del Altísimo, cuando por un lado escuchamos a los directivos de una institución de casi cuarenta años de trabajo preventivo sobre el uso indebido de drogas, como Casa Abierta, clamar que en el marco de la ley 72-02, las autoridades destinen mayores recursos a la prevención y, por el otro, ver como funcionarios discuten en público, porque unos y otros quieren controlar la mayor cantidad de esos dineros que especializa la ley que castiga el lavado de activos provenientes de actividades ilícitas.
Dinero para qué, a la DNCD y a la Procuraduría General de la República, proveniente del narcotráfico, si ambas entidades tienen presupuestos asignados.
Quienes en verdad necesitan muchos recursos para desplegar con tesón y desahogo su labor preventiva son las entidades de base, del barrio, las que tienen encima a los muchachos que, en busca de dar sentido a sus vidas, apelan y se refugian en el consumo.
¿Por qué discuten Radhamés Peña y el general Rosado Mateo, si los dos dirigen instituciones que se limitan a reprimir y encarcelar a personas ligadas a las drogas?
Por favor, no veamos los recursos provenientes del lavado y el narcotráfico como un pastel, y procedamos a entregar a Casa Abierta los recursos y brindarle lo indispensable para que prosiga su trabajo, dirigido a que nuestros hijos estudien, sean deportistas, o realicen un oficio.
Con dejo s de tristeza escuchamos decir a Juan Radhamés de la Rosa, director de Casa Abierta, que muchos de los programas que desarrolla la institución tienen que ser abandonados debido a los escasos recursos que maneja.
Casa Abierta tiene por delante grandes desafíos e innumerables acciones en carpeta. Por lo tanto está convencida que el problema del combate a las drogas no es con guardias, policías y rejas, sino, con educación, empoderamiento de las familias e inserción del consumidor a la sociedad.
Atentamente,
Nélsido Herasme
Periodista

