¿Jueces o marionetas?
Señor director:
La fértil escogencia de parte del Consejo Nacional de la Magistratura de jueces probos y capaces, para integrar: La Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Superior Electoral, es la máxima aspiración de nuestro pueblo, en el momento que sufrimos la crisis de la Edad Técnica, en que están en peligro los valores trascendentes: el respeto a los intereses nacionales, la honestidad, el respeto a la Constitución; valores que junto a otros constituyen el patrimonio de nuestra identidad y la fuerza moral de la nación. Una mala selección sería un descalabro anticipado; una estocada peligrosa y una burla descarada a nuestro Estado de derecho y a la dignidad nacional.
Para la selección de cada candidato debe medirse el perfil intelectual, psicológico y moral y el comportamiento social, razón por la que también debe consultarse a la sociedad civil, que es el vocero del pueblo, donde concurren voces sabias, con gran credibilidad. Es casi imposible para esta escogencia la imparcialidad y la neutralidad, porque gravita en el ambiente político nacional la figura del doctor Leonel Fernández Reyna, quien tiene mayoría en el Consejo Nacional de la Magistratura. Esta negra realidad entorpece la institucionalidad democrática y el estado de derecho. Porque aspiramos a un estado de derecho que despierte confianza y credibilidad, en los inversionistas nacionales y extranjeros; con herramientas constitucionales sólidas y admirablemente administradas, con leyes actualizadas, en una sociedad nueva, de bien común y felicidad para todos.
El Tribunal Constitucional, con una importancia trascendental; necesita jueces ejemplares porque es un organismo especial, independiente, que debuta en la reorganización política del Estado Dominicano, con cierta semejanza con el Consejo Constitucional de Francia, y tiene la función de control y vigilancia; y como verdadero guardián, gravitará sobre el ambiente constitucional nuestro, como la Espada de Damocles, para garantizar la supremacía de nuestra Constitución, salvaguardar el orden constitucional; y defender los derechos fundamentales que identifican y engrandecen a la persona humana.
Atentamente,
Modesto Medrano Monción
Santo Domingo
