Opinión

CARTA DE LOS LECTORES
Servicios y esperanza

<STRONG>CARTA DE LOS LECTORES<BR></STRONG>Servicios y esperanza

Señor director:
Los pobladores de los barrios del país, sobre todo del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, son los más vulnerables a los apagones, la escasez de agua, la delincuencia, el ruido excesivo y otros males que los mantienen en zozobra. Los sectores pobres sufren apagones más frecuentes, más largos y en desorden. La industria, el comercio y el trabajo informal viven la pesadilla de la pérdida de recursos económicos, de tiempo y de tranquilidad individual y colectiva.               

      Los  apagones favorecen el trabajo de los delincuentes y ponen en peligro a los peatones, especialmente a estudiantes y trabajadores que realizan labores por la noche.

Con los apagones, se hace más grande también la crisis del agua en los barrios, donde las largas filas comienzan en la madrugada, para lograr un poco, a ver si alcanza siquiera para las necesidades elementales.

Lavar o planchar, son actividades que se realizan cuando el agua y luz lo permiten. Pero es preocupante el desperdicio de agua que provocan los usuarios inconscientes y la propia Corporación de Acueductos y Alcantarillados de Santo Domingo, CAASD, lo permite y lo legitima, como ocurre en el puente que enlaza a Guachupita con los Guandules, donde una decena de lavadores de vehículos hacen su trabajo en plena vía.

      La delincuencia selecciona sus victimas atendiendo a sus objetivos prioritarios.  Actúa más de noche que de día, y más en motocicletas con dos a bordo que a pie.

Dañan el ambiente también los altos ruidos, maldita contaminación sónica que tiene a la gente harta. Los colmadones habilitan, ocupan y usufructúan espacios peatonales, vehiculares y del vecindario, a los que se suman los ruidos ambulatorios, en cualquier tipo de  vehículo, con altos e indecentes sonidos rompe tímpanos con frases que incitan al sexo fácil/y al consumo de drogas prohibidas.

A esto se agrega la promoción de artículos y actividades diversas de distintos negocios, entre ellos colmadones y discotecas con jovencitas despampanantes y casi desnudas (así lo anuncian), donde pernoctan menores y venden cerveza barata.

A este fuego cruzado se unen las máquinas tragamonedas, presentes en cualquier colmado donde asisten niños y niñas que no van a la escuela y que son estimulados/as a iniciar la carrera de la perversidad.

¿Eso es futuro?

Atentamente,

 Lic. Santiago Martínez

Santo Domingo

 

El Nacional

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