Diversas entidades están haciendo esfuerzos con la intención de disminuir las tantas muertes de mujeres a manos de su pareja. En ocasiones, los que matan a su pareja se suicidan, dejando a los hijos huérfanos de padre y madre.
Para enfrentar con éxito los problemas tenemos que llegar a la raíz de los mismos. Sin ánimo de juzgar, la persona que le quita la vida a otra, no está en los caminos del Señor.
Toca a las diferentes iglesias emprender una cruzada nacional para que a las parejas que no están en el redil de Dios llevarlas. En esa tarea tiene la iglesia Católica una buena oportunidad a través de la Pastoral Familiar y los distintos grupos de parejas.
Se impone llevarlos a los pies de Jesús, a eso nos manda cuando nos dice en la Biblia; vayan por todo el mundo y prediquen las buenas nuevas y todo el que crea se salvará.
No se trata de que haya competencia entre las iglesias, no se trata de eso, sino de evitar que sigan los feminicidios, porque las parejas no conocen a Dios, porque el que conoce a Dios y lo ama no hace daño. San Agustín dijo: Ama y has lo que quieras, este amar debe ser un amar divino.
No importa que las parejas estén o no casadas y no debemos llamar concubina a la pareja, sino unión libre.
Aunque aquí citamos a la iglesia Católica y somos católicos, no dejamos de reconocer el trabajo que vienen realizando otras iglesias. La exhortación es a las diferentes iglesias, porque es obvio que en muchos de estos feminicidios, quienes los ejecutan no conocen a Dios.
En cualquier situación de pleito o de conflicto, el diablo empieza a agitar: Mátalo, mátalo. Recordar que el maligno anda, como león rugiente, buscando a quien devorar.
Pongamos un ejemplo: las personas que caen en depresión, si no están en las manos de Dios terminarán suicidándose.
Como testimonio, digo que, estando en New York, hace año y medio, caí en una terrible depresión y los demonios querían matarme. Hace más de veinte años estoy en los caminos del Señor, y no pudieron. Me incitaban a atentar contra mi vida. Eternamente doy gracias a mi Dios.
Me salvé porque tengo a Dios en mi corazón.
Atentamente,
Pascual Agüero.
Santo Domingo.

