El PLD
Señor director:
Mal haría el presidente Danilo Medina si escucha las voces que le aconsejan distanciarse del expresidente Leonel Fernández, su amigo y compañero de toda la vida, porque no hay que olvidar que es con los compañeros con quienes se disputa a veces el primer lugar, pero esto no puede sellar una enemistad.
Las declaraciones del señor Przemek Gajdeczka, jefe de la misión del FMI, han sido manipuladas por los enemigos del siempre del Partido de la Liberación Dominicana, PLD.
Le piden al presidente Medina que hable claro sobre el desastre que encontró. El Banco Central ha dicho que el déficit fiscal es manejable, y eso es una información que a esas personas no les parece que deben destacar, porque lo que quieren es sembrar cizaña. Ese ha sido su oficio, y no van a renunciar a él.
La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, igual que el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, hablaron sobre el gobierno de Danilo Medina, refiriéndose a él como un proyecto con buen inicio. ¿Por qué nos da tanto trabajo ver que así es? ¿Acaso no es que la enemistad con el PLD y con todo lo que signifique PLD obnubila a los siempre obnubilados?
Obviamente que el manejo del déficit tendrá un costo político, pero no tiene que ser el desplome del liderazgo de Danilo Medina, que se fortalece cada día, aunque algunos detractores digan que no.
Hay quienes han llegado a plantear que los intercambios de disparos hacen daño al gobierno de Danilo Medina. Ese problema es viejo, y Danilo Medina lo encontró, y no es en este tiempo cuando va a tener a una policía que actúe como si fuera una mansa paloma, y no como una institución para perseguir el delito y para enderezar a quienes quieren torcer las cosas.
El mundo no ha salido aún de la enorme crisis económica que fue anunciada hace cuatro años. La pretensión de distanciar a Danilo Medina de Leonel Fernández, es una canallada. Ellos son iguales, buenos los dos, discípulos meritorios de Juan Bosch, el más grande político de América. Señores, dejemos de jugar con la verdad.
Atentamente,
Luis Carela
Santo Domingo

