Los personajes
Señor director:
«Cheo Motoneta» invadía los pocos hogares dominicanos que tenían televisores blanco y negro, en aquellos años setenta, con su voz ronca, áspera y cuestionadora del sistema. Luego vinieron otros personajes casi difuminados en la memoria: la vieja rezadora con su mantilla, su rosario y su risa soterrada entres rezos críticos a todo lo que pasaba en el escenario político nacional. «Popó» con su pantalones subidos hasta el pecho y dando la espalda para atizar las risas de los televidentes y los camarógrafos de turno.
«El profesor» de la Escuelota sufriendo las inclemencias de un alumnado casi tarado (porque el sistema educativo dominicano vive en un limbo de gente incapaz y sin verdadera vocación docente) en una crítica mordaz y fiel retrato, aunque salpicada por su humor característico, del deterioro del aparato político-pedagógico, donde se han sustraído las herramientas de pensamiento para implantar la ignorancia y estigmatizar como enfermos contagiosos a todos aquellos que puedan desenmascarar las interioridades de la mediocridad reinante en el ámbito pedagógico nacional.
Luego el «Bebote» metido en su enorme corral de bebé ciclópeo y su chupete gigantesco (como para no dejarnos olvidar que nos han querido mantener acorralados y chupando mentiras que nos excluyen permanentemente de las oportunidades de crecer como nación) y su simpático gorrito infantil y sus oportunas pataletas para gritarle al conglomerado nacional que sus bromas eran en serio.
Más tarde llegó, quizá el más depurado, representativo y bien logrado personaje: «Melecio Morrobel». Caricatura del político oportunista, corrupto confeso, sin modales, con el mismo interés de echarse en el bolsillo las arcas nacionales, vender el alma al diablo, cambiar la Constitución cada vez que le fuese necesario, disfrutar las abundancias del poder.
El «Gordo de la Semana» seguirá siendo el Gordo de Oro. Ya no estará más con «Nosotros a las ocho» ni en el «Show del Mediodía» ni dando «Punto Final» a las tristezas, porque ha emprendido vuelo al infinito para seguir siendo dominicano de ejemplo, de risas, de llanto fácil, de mano abierta, de frente en alto, de dicción perfecta, de honor y vergüenza. Para continuar siendo siempre «Con Freddy y Punto».
Hasta siempre, dominicano del humor y del honor,
Atentamente,
Rosanna Salazar
(dominicana en
Valladolid- España).

