Diplomacia funcional
Señor director:
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En situaciones como las que se están dando en este momento, ya el embajador dominicano, ante Haití, debió estar aquí, llamado por el ejecutivo, pero no pasa nada, manos atadas y el lobo suelto.
Si la diplomacia dominicana hubiese encarado oportunamente la actitud de Haití hacia la República Dominicana, al menos, otra fuera la moral proyectada. Es reprochable que la diplomacia haitiana esté denunciando, a sus anchas, con mentiras que retratan sus resentimientos históricos contra nuestro país, y peor aun, que ni de la Canciller ni la embajada hayan actuado oportunamente contra esa agresión. Con frecuencia olvidan lo que es representar. Parece ser que algunos al llegar al país de destino, entran en otra atmósfera, se enajenan, y asumen otra conciencia.
De manera notable, instituciones y ONG internacionales han puesto en evidencia su activismo prohaitiano e intromisión en las decisiones migratorias dominicanas, (entre otras) pero la apatía de la diplomacia y del ejecutivo, en particular, no les permiten actuar, poner límites, y dejan que todo pase. La falta de visión y amor por lo propio les hacen comportarse con frialdad y con miedo, transmitiendo al país ese mismo sentimiento. Hay países hermanos que jamás tolerarían esa agresión.
Admiro la actitud oficial de Venezuela y Ecuador, pues el celo que tienen por su nación frente a injerencias extranjeras, les hace no vacilar para retirar embajadores o cualquier otro funcionari@ intromisor, dándole plazo corto para salir del territorio. ¡Cuánta dignidad!.
Hace un tiempo escribí un artículo de opinión alusivo a que, frente a la migración haitiana, la República Dominicana debía socializar en cónclaves internacionales el problema, para que se viera la gravedad del asunto que se nos quiere imponer. Pero que va, la visión nunca ha llegado tan lejos, no alcanza a visualizar estrategias adecuadas, montar un lobby, pues los países del área solo han oído la sola campana de Haití, y del grupo que abraza esa causa. Ojalá que en adelante nuestra representación internacional sea más probada en asunto de identidad nacional y celos por la cosa propia, más que por los créditos intelectuales y académicos.
Atentamente,
Melania Emeterio Rondón.

