El Faro apagado
Señor director:
Muchas personas se alarman por las informaciones sobre los cadáveres hallados y los hechos delictivos y de sangre, ocurridos en los últimos días en las inmediaciones del Faro a Colón. Pero esos son hechos que tienen meses y quizás años, ocurriendo semana por semana, meses tras meses, sin que nadie diera la voz de alarma como ahora.
Ocurre que desde hace muchos meses, nadie puede parquear su automóvil en las inmediaciones del Faro a Colón, porque lo halla desmantelado cuando regresa.
Una situación más peligrosa aún ocurre con las personas que transitan de noche por las avenidas que circundan la obra construida en honor al Almirante y Conquistador de América.
Los robos y asaltos a cualquier hora son habituales y nadie se toma la molestia de denunciarlos porque esa es una labor inútil y un tiempo perdido.
Todo eso ocurre pese a que en el sector hay dos destacamentos de la Policìa Nacional y uno de la Marina de Guerra, que custodian la majestuosa obra, especialmente a los turistas que acuden a la misma.
El centro del problema está en que la Policía Nacional no patrulla el lugar ni los barrios aledaños (dicen que por falta de gasolina), lo que aprovechan los delincuentes armados y en motocicletas que mantienen en zozobra la zona.
¿Es que nadie recuerda los famosos moscas que asaltaban los camiones del Plan Social de la Presidencia cuando repartían las cajas con alimentos para las personas pobres?
Además toda esa zona carece de iluminación eléctrica lo que permite a los delincuentes llevar a cabo sus acciones en medio de la oscuridad sin ser reconocidos.
Incluso el mismo Faro a Colón está a oscuras y decenas de bombillas están apagadas, rotas o desprendidas, lo que indica el grado de deterioro en que se encuentra esa monumental obra.
El Faro a Colón no se ha convertido en un almacén de cadáveres, ni en una tumba larga y estrecha, porque desde hace tiempo, mucho tiempo que las cosas son así.
Ya ni siquiera la gente que caminaba, corría o montaba bicicleta acude al lugar como en otros tiempos a ejercitarse y a practicar deporte, por temor a la delincuencia que día y noche se registra en las inmediaciones de ese lugar.
Atentamente,
Luciana López

