Sobre idoneidad
Señor director:
Las palabras son instrumentos al servicio de la comunicación, y ellas salvan, pero también hunde según el uso que de ella se haga. Por eso la falta de idoneidad así enunciada, en la conferencia, deviene en lenguaje violento y de poca creatividad para la propiciación de un diálogo fructífero.
Ante esa afirmación tan absoluta de María Legañoa Ferrá, hace falta saber qué opinión tienen las autoridades del Ministerio de Educación, la Asociación Dominicana de Profesores, y el propio colectivo docente, pues esa generalización plantea que solo hay ineptitud, incapacidad e incompetencia, que son los antónimos de la idoneidad.
Parecería que Legañoe Ferrá realizó una especie de censo docente en el país, y ese fue el hallazgo: la absoluta falta de idoneidad.
Siendo así, las cosas van aclarándose y tomando la forma de lo definitivamente juzgado, pues atendiendo a la lógica de esta consultora, habría que sustituir a cuerpo docente en su totalidad ya que constituyen el problema medular. Este es un modo a justificar la sustitución el desplazamiento total del cuerpo docente dominicano por docentes externos (¿cubanos?), que son los idóneos. Volviendo al símil del virus, debe quedar claro que el problema no está en los otros sino en el nosotros, pues proyectamos carencias que algunos extranjeros observan, retienen y utilizan.
Atentamente,
Melania Emeterio R.
En el caso Odebrecht
Señor director:
Ante la acción ejercida por el Ministerio Público contra varios ciudadanos vinculados, conforme el expediente acusatorio, a actos delictivos, hoy las mujeres y los hombres del país que han reclamado justicia, deben sentirse satisfechos porque se ha dado un paso para vencer la impunidad. Conviene precisar que a cada uno de los imputados se le debe respetar su inocencia, hasta que una sentencia irrevocable establezca su culpabilidad en los hechos puestos a su cargo, partiendo del principio de la presunción de inocencia. La acusación contra los encartados no debe inducir a golpearlos en su reputación, con términos hirientes, mortificarlos, burlarlos, humillarlos o de cualquier forma zaherirlos.
Atentamente,
Ramón Veras

