Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Contra la delincuencia

Señor director:

  Mucho se teoriza sobre la delincuencia, pero hay que conocer sus  causas. Pueden ser orgánicas, fisiológicas, patológicas, o sociales.

Entre adolescentes no se puede considerar la existencia de un solo tipo de delincuente, ya que se observan entre ellos diferentes modos de comportamiento y actos de distinta gravedad.

En  algunos jóvenes la delincuencia es transitoria, utilizándola para llamar la atención, mientras que para otros se convierte en  norma de vida. Cuanto más joven sea el  delincuente, más probabilidades habrá de que reincida, y los reincidentes a su vez son quienes tienen más probabilidades de convertirse en delincuentes adultos.

Los niños colocados en un medio muy pobre o que viven en condiciones difíciles, están fuertemente tentados a descifrar su existencia por el robo o por la búsqueda de satisfacciones dudosas.

Hoy en día, los medios v familias más afortunadas en cuanto a riquezas materiales son caldo de cultivo para la formación de delincuentes, debido al triste drama y al vacío espiritual y familiar que padecen. En estas familias, los niños disponen de mucho más dinero y comodidades que otras clases, lo que da por resultado que la sociedad haga nacer nuevas y grandes necesidades que sólo pueden ser satisfechas por actos delictuales.

Estos actos nos llevan a denunciar los errores de la educación como causa esencial de la delincuencia juvenil, comenzando con la severidad excesiva, que tiene por resultado que cuando los padres estropean al niño a fuerza de quererlo hacer perfecto, hacen nacer la rebeldía en vez de favorecer la honradez y la delincuencia.

Asimismo, podemos afirmar que muchos padres se convierten en actores de la formación de los delincuentes por olvidar inculcar a sus hijos los valores morales, la integridad moral y la dignidad que todo hombre y mujer debe tener; además, por su falta de inteligencia para dar soporte a sus hijos engendrados en familias disociadas o en las priman la falta del entendimiento y diálogo entre sus dos principales cabezas: El padre y la madre.

  Para enfrentar la delincuencia juvenil, estamos obligados a  construir una nueva sociedad que edifique mejores familias y por medio de ellas a ciudadanos que tengan por norte la práctica permanente del amor y del bienestar común.

Atentamente,

Dr. Ysócrates A. Peña Reyes

Abogado

El Nacional

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