Soberanía 2017
Señor director:
Si en el mundo, los países cercanos no se han dado por enterados de nuestra tragedia, es porque las autoridades en sus muchos viajes al exterior, en su culto al oro, solo proyectan al país como un paraíso turístico, y un espacio abierto para la inversión.
Han decidido ignorar que en las condiciones actuales, con el posicionamiento de los haitianos, todo el progreso logrado, todo el oro conseguido, irá en porcentaje asombroso, a manos de los haitianos. Este cálculo no es difícil de hacer, pues se puede calcular con lo que está pasando en la actualidad.
En sus viajes, no son capaces de denunciar, allende los mares, la debacle demográfica que nos abate, conviviendo con otro país (Haití) dentro del nuestro. Para esconder la realidad, prefieren hacer el papel de mediadores (gastando dinero y perdiendo tiempo en eso) en el conflicto interno de Venezuela. Nuestra situación es de tal gravedad que bien podían actores internacionales, buscadores de soluciones para que Haití tenga otros destinos.
Esa mediación de países, debía tener ese compromiso en sus manos, y así vislumbrar una vía de solución a nuestra tragedia, y seria, esta, la verdadera solidaridad internacional.
Quiera la buena voluntad del Padre, que una nueva conciencia se abra al pueblo dominicano, y al mundo que nos mira prejuiciadamente, y que esa nueva conciencia, liberada ya del miedo y del servilismo, comience a germinar en el 2018 bajo la reanimación de un pueblo viril frente a sus gobernantes y el séquito que les acompaña en ese despropósito desnacionalizador que borraría nuestra historia y las hazañas de verdaderos dominicanos y dominicanas.
Ellos necesitan esas demostraciones de parte de un pueblo que sufre el desbordamiento de los haitianos en sus calles, barrios, municipios y provincias, espacios desde donde lo suplanta en todos los órdenes.
El nuestro es un pueblo que sufre aunque baile en las calles, cante en los parques, tome alcohol, y se distraiga con el juego de pelota.
Revertir todo aquello, debe ser el compromiso de superación para este 2018, un reto que puede ser logrado si lo concebimos dentro de una estrategia nacional de defensa a la cosa nuestra. Es dentro de nosotras y de nosotros que debemos buscar como dicen algunas homilías católicas, “El vino que nos hace falta”.
Atentamente,
Melania Emeterio Rondón

