Con Vincho
Señor director:
Soy apellido Castillo, pero no tengo parentesco con ese grupo de abogados que son muy conocidos en el país. No estoy de acuerdo con todo lo que plantea el doctor Vincho Castillo ni con la saña con que sus hijos atacan al expresidente Hipólito Mejía, pero estoy de acuerdo en que si no ponemos en vigencia el imperio de la ley, estaremos cojeando siempre del mismo pie.
Aquí hay que poner término al libertinaje, que en nada se parece a la libertad. Aquí hay que poner fin a prácticas viejas como la ocupación de las calles para negocios particulares, la ocupación de aceras y contenes con objetos que pueden lastimar a los transeúntes, la música estridente en bares y hasta en hogares, y otros elementos que lo que hacen es dañar la buena imagen de cualquier sector.
Recientemente me invitó a su casa un amigo y me dijo que vivía en un sector más o menos exclusivo. Cuando llegué que oí la música que salía de una terraza y las voces desde un balcón, le comenté que si era un sector de capa media hay que concluir en que ha sido arrabalizado no sé por qué razón.
Sé que el ruido es algo contra lo cual algunos oficiales de la Policía han iniciado batidas, pero luego así se queda y los ensanches y los lugares de concentración de gente en la ciudad capital siguen siendo tan ruidosos como siempre, es más, no se celebra una fiesta sin que se estén poniendo los ruidos.
Del mismo modo, hay que decir que en algunas capitales de Europa los ruidos están controlados y aquí parece que se penaliza el no hacer ruido, porque los fuegos artificiales suenan con cualquier motivo y por cualquier cosa.
Pero no hay nada tan preocupante como la oleada de violencia que los diarios se ven obligados a comentar cada día.
Son muchos los problemas que la violencia genera, y hay que perseguir el delito, porque no se resolverá de la noche a la mañana la serie de causas que lo generan.
Atentamente,
Rafael Castillo A.
Santo Domingo.

