Hatos y hatillos
Señor director:
Estimado don Rafael:
1. Voces y ecos. Leyendo sus Voces de hoy (El Nacional, 13 abril 2018, p. 17), hago ecos de sus “De Hatos y Hatillos”, por la atención que le provoca la abundancia de ellos en la topografía dominicana. ¡Qué bueno que así sea! Una observación suya llama mi atención: “Las absurdidades pasan de los hatos a las lagunas”. ¡No hay tales absurdidades en los topónimos!.
2. Ooro, azúcar, ganado. Nuestra historia colonial recorre un camino de brillo por el oro, amargo por el azúcar, y cubierto con la piel del ganado de los hatos, que provocaron la partición de la isla a partir de las Despoblaciones de Osorio, al iniciar el siglo XVII.
3. Las devastaciones de 1605 a 1606 marcan el inicio de la proliferación de esas unidades productivas llamadas hatos, por la multiplicación de las reses que quedaron en los montes, camino a Bayaguana (desde Bayajá y la Yaguana) y a Monte Plata (desde Monte Cristi y Puerto de Plata). Y en menos de medio siglo, las devastaciones parieron a Saint-Domingue, que floreció con el contrabando y la sangre de negros bozales importados como mercancía desde África, para abonar con su sudor y sangre las tierras del Oeste, que fueron llenándose de haciendas (habitaciones) para producir café, añil, etc ., y de plantaciones de caña para el azúcar.
4. Proliferaron los hatos del Este con el pastoreo de negros esclavos y libertos, de españoles peninsulares y criollos, produciendo para alimentar a los esclavos del oeste que hacían parir la tierra. Los hatos de Santo Domingo alimentaron las plantaciones de Saint-Domingue con carnes frescas y saladas. Eran el eco de las voces de la esclavitud de Saint-Domingue, la más rica colonia de Francia en el siglo XVIII, que aportaba dos tercios de sus riquezas coloniales.
5. Si eliminamos de los lugares dominicanos los nombres de hato y hatillo, estaríamos borrando una parte capital de nuestra historia. Santo Domingo fue una colonia hatera en los 1700 y su influencia se extendió hasta el siglo XX. La historia no cambia como la lengua; los hechos pasados pueden interpretarse de modo diferente pero no cambiarse.
Reciba nuestro saludo con la admiración y el respeto ganado por enriquecernos con sus Voces y Ecos.
Atentamente,
Francisco Bernardo Regino E., su lector.

