Ni justicia ni vergüenza
Señor director:
Durante décadas, pero hoy más que nunca, los políticos vienen practicando lecciones negativas, ilegales e inmorales y sin vergüenza. Fuera del gobierno esto sería pasable, pero dentro de él es fatal; fortalece la mala conducta y se aparta de toda regla razonable.
La legalidad debiera ser el norte y común denominador de todo servidor del Estado al recibir la honrosa distinción de ser elegido o designado en un cargo público donde millones de ciudadanos/as están en iguales o mejores condiciones de ejercer con dignidad esas mismas funciones con capacidad y con vergüenza.
Esto viene a colación por el caso Odebrecht y el Procurador General de la República, que en ese y otros temas, carece de credibilidad por no aplicar las leyes con igualdad para todos frente a un hecho penal de igual participación de un grupo.
Primero el Procurador dijo que faltaban más de cien judicializables por los sobornos de Odebrecht, y más tarde señala que no había más imputables.
Esa compañía mafiosa, sus socios dominicanos, y el Procurador, han relajado con el país, pues desde el origen del caso este último esquivó de la justicia a un grupo mayor que el que fue encartado. Los pejes gordos andan por ahí privando de honorables sin tener calidad moral para ello. La gente dice que los encartados no irán a la cárcel.
El rumor establece que entre los que están fuera los hay de tanto poder que si los enjuician se produciría una crisis institucional que sepultaría medio congreso dominicano y enlodaría la mitad del Palacio Presidencial.
Ahora llega el juicio de fondo, sin esperanza ni confianza en los resultados, con expedientes incompletos o mal elaborados y sin algunas piezas de pruebas como las auditorias de las obra de Odebrecht porque los títeres de la Cámara de Cuentas son cómplices de los titiriteros.
No duden que solo nos quedemos con el boche de Estados Unidos que canceló a los encartados la licencia de entrada a su país.
La gente quisiera que ninguna artimaña se apodere del escenario del juicio de fondo donde jueces y fiscales deben actuar con responsabilidad e independencia, basados en las leyes y la Constitución, y administrar justicia de verdad para todos. Ojala que Dios los ilumine para que frenen las tantas violaciones legales del gobierno, sus altos funcionarios, legisladores, jueces, Ministerio Público y demás, que han afectado la convivencia pacífica, el honor y la vergüenza, y con ello la institucionalidad de la República.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez

