La Tremenda Corte
Señor director:
Los que pertenecen a mi generación, a la de mis padres y abuelos hemos tenido la suerte de poder deleitarnos y reír a mandíbula batiente con las ocurrencias que brotaron de la mente privilegiada para el humor y el rejuego del idioma español de Castor Vispo, el legendario libretista del programa radial “La Tremenda Corte” en la que un elenco de brillantes y singulares humoristas encabezado por Leopoldo Fernández (Tres Patines) interpretan las jocosidades de sus personajes con maestría sin igual.
En uno de los capítulos de dicha comedia radial, el titulado: “estatuicidio” Rudencindo Caldeiro y Escobiña teniendo a Luz María Nananina como testigo a cargo, se querella contra Tres Patines ante el “Tremendo Juez” interpretado como sabemos por Aníbal de Mar, por supuestamente el segundo, haberse robado el dinero que aportaron los miembros del partido político Chanlipó (Chambeloneros Liricos Populares), para la construcción de un monumento a la memoria del extinto alcalde del pueblo, “Don Tribilín Cascote”.
Ambos personajes son contrarios políticos: Rudencindo pertenece al partido Chanlipó y Tres Patines al Fumanchú (Fusión Mancomunada Chucheril), la trama se desarrolla en medio de las acusaciones de ratero y estafador que le hacen al personaje principal en el “tribunal” y el «proceso» concluye como casi siempre, con una «sentencia» condenatoria contra el acusado resolviéndose el «tremendo caso».
Si extrapolamos esa situación a la política nacional es evidente que en medio del proceso de decadencia moral, ética e institucional (al parecer irreversible) en que ha entrado de un tiempo a esta parte, la partidocracia tradicional, podríamos identificar líderes, politicastros, seudo dirigentes y organizaciones parecidos a los legendarios personajes del programa radial cubano, que con su conducta y accionar no les falta nada para imitarlos y hasta superarlos en sus inauditas peripecias.
Veamos: los dos principales partidos del sistema están en un proceso de relajamiento de su disciplina interna y violación flagrante de sus estatutos, sin que los que lo hacen reciban sanción disciplinaria alguna, por el contrario, en la mayoría de las ocasiones estas inconductas son incentivadas o premiadas por sus líderes.
El “tigueraje” ha alcanzado categoría dirigencial, es el nuevo modelo y paradigma del político “exitoso”. De un tiempo acá “todo se vale” en la política vernácula y en nuestros partidos.
Atentamente,
Dr. Domingo Rojas Pereyra
