El pasaje
Señor director:
Sorprende la ligereza con que los principales dirigentes del transporte aumentan el precio de ese servicio a todos los niveles.
Estos empresarios alegan altos costos operacionales que van desde incremento en las gasolinas, aunque usan gas de cocina, como aumentos en los repuestos, aceites y accesorios.
El aumento en el precio del pasaje escapa al control de estos pseudodirigentes, pues en ocasiones niegan alzas en el precio del servicio en los medios de comunicación, pero los usuarios deben pagar a los choferes la suma que les exigen, so pena de quedarse en plena vía pública desamparados y obligados a llegar a pie a sus centros de estudio o de trabajo.
La impotencia para controlar esta situación confesada por la ¿Oficina Técnica de Transporte Terrestre? ha empeorado el problema y, lamentablemente, ahora el usuario no tiene quién lo defienda.
La condición de usuario del transporte público obliga a insistir, pues se ha escrito mucho sobre el tema sin que se produzca una respuesta al problema, concluyendo amargamente en dar la razón al director de este vespertino, que bautizó en una ocasión a los choferes como los dueños del país, por la frecuencia con que organizan huelgas y la facilidad con que logran prebendas de las autoridades para dejarlas sin efecto.
El último capricho de los enemigos del pueblo llevó de 25 a 30 pesos el transporte en la ruta corta, y hay que pensar en 50 y 100 pesos para trasladarse, por ejemplo, de Los Mina al 9 y demás kilómetros de la autopista Duarte.
Los sindicatos que operan en cada esquina de la ciudad capital, también imponen las reglas, pues, no importa la urgencia con que usted deba desplazarse, el conductor espera para moverse que el vehículo se llene.
Y no se atreva a montarse en un vehículo que no sea de la ruta, pues corre el riesgo de ser golpeado junto al llamado pirata, con el respaldo, en ocasiones, de los agentes de AMET, que llegan al extremo de desmontar a los pasajeros.
Más que una queja, es el relato de la experiencia de cualquier usuario del mal llamado servicio de transporte público, donde, además del maltrato, los pasajeros corren el riesgo de perder la cartera con sus documentos o el dinero que llevan encima, a manos de individuos a veces confabulados con el chofer.
Atentamente,
Jesús Galán
Santo Domingo

