Haití
Señor director:
Ya basta de que los políticos de esta parte y de la otra, estén haciendo alarde de la ayuda que se presta a Haití.
Lo que se debe hacer es velar porque esa ayuda llegue realmente a ese pueblo pobre, que tenía miseria antes del terremoto del 12 de enero y la tiene hoy.
Los políticos de aquí y los de allá, deben unirse para velar porque la ayuda llegue a quienes debe llegar, en lugar de estar figureando y permitiendo que, en sus narices, esos cuantiosos recursos sean desviados hacia quién sabe dónde y vaya usted a saber para cuales fines, aunque se sabe que para algo limpio no es.
Los políticos dominicanos y sus pares haitianos pegan el grito al Cielo cuando se les dice que son corruptos, pero no dejan de serlo.
Hay que exigirles que se curen del mal si no quieren que se les mencione y que se les señale como lo que son.
Algo que debe estar presente en toda cumbre y en toda reunión para tratar sobre la situación de Haití es la necesidad de superar esta situación, pero parece que, en los momentos claves, la comunidad internacional, el Gobierno dominicano y hasta el propio Banco Interamericano de Desarrollo, se olvidan de eso, porque lo que les interesa es dar uso político a la ayuda.
Atentamente,
Joaquín Zapata
La Vega
El gasto en educación
Señor director:
El gasto en educación en República Dominicana es inferior, como porcentaje del PIB, al de la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, que es mucho decir.
Sin embargo, como se dice, lo barato cuesta caro.
Esto es así, porque se está sintiendo en la sociedad la falta de una educación de calidad.
Se siente en las oficinas privadas, donde secretarias graduadas no saben escribir un nombre común, y en oficinas públicas donde secretarias también graduadas no saben qué hacer con el puesto que han obtenido.
Y digo secretarias, porque son la cara de las oficinas, pero, en la mayoría de los casos, sus jefes manifiestan los mismos problemas.
El colmo es que, en la radio y en la televisión, muchos comentaristas exhiben una dicción peor que la peor.
Esto hay que repetirlo, porque el problema se hace sentir, y no es juego.
Atentamente,
Raquel Marmolejos
Santo Domingo

