Sobre las drogas
Señor director:
Los datos publicados recientemente por la Dirección General de Prisiones, muestran que el primer delito que en nuestra sociedad lleva a prisión (casi 6 mil personas), es el de las drogas. Estos datos son una evidencia de que en nuestro país, en vez de mejorar, empeoramos, pues, como se muestra en el informe, hace dos años la violación a las leyes de drogas era el tercer delito, y ahora es el primero.
Esto es lo que consigue como resultado una política absurda que oculta su mediocridad con nombres grandilocuentes como: Seguridad Democrática, Guerra Frontal, Tolerancia Cero, o Barrio Seguro… Estos datos deberían ser un llamado de alerta a las autoridades, pero una vez más no lo será, porque las autoridades continúan con una política de drogas de los años cincuenta. Alardeamos de un Estado moderno, estamos en los foros internacionales, pero esto de nada nos sirve.
Se ignoran las recomendaciones de masificar las medidas preventivas. Tenemos una ley que se presume dura, pero solo sirve para agravar el problema de las drogas.
Estos inútiles alardes de fuerza tienen, además otra cara que es la criminalización de la pobreza, evidenciado que el 82.6% (26.4%, 18 a 24 años, y 56.2%; de 25 a 39 años), de las personas en prisión son hombres de menos de 40 años, de los sectores más empobrecidos. Y es que estas políticas represivas solo consiguen eso: muchos jóvenes pobres encarcelados.
La sociedad necesita que sus autoridades dejen de jugar a la guerra, de alardear.
Con las políticas actuales solo obtendremos los resultados mostrados: sobrepoblación carcelaria y jóvenes entrampados en la reincidencia, tanto en el delito como en el consumo. Esos jóvenes en las cárceles sólo aprenden nuevas técnicas y hacen nuevos contactos, no se rehabilitan.
Insistimos en la necesidad de definir una política nacional integral centrada en la reducción de la demanda. Para que o el país avance en materia de drogas, simultáneamente al mejoramiento de las medidas de control, es necesario masificar la prevención, definir e incentivar la creación de programas de tratamiento, incluso en los centros penitenciarios. Desarrollar la investigación, la formación, desarrollar modelos de reinserción social. Implica asignar recursos a las estrategias nacionales. Lo demás es solo palabrería hueca.
Atentamente,
Juan Radhamés de la Rosa
Psicólogo

