Insólita incoherencia
Señor director:
En ocasión de una Cumbre Iberoamericana, Joaquín Balaguer, en las postrimerías de su vida pública, y cuando el auditorio lo creía, si no demodé, ya disminuido, emergía desde el silencio, sin oropel ni aplausos, sin acólitos, ni corifeos, sorprendía en cada una de sus intervenciones, siempre magistrales, no sólo por el dominio de su retórica, sino además por su sentido lógico, y su razonada perspectiva de la historia. Hablaba un hombre con la verdad desnuda, que ya no debía nada a nadie, ni siquiera a la vida.
En tal ocasión Balaguer, haciendo una educada crítica a los resultados de dichas cumbres, y a tanta perorata insulsa, decía es que a los latinoamericanos, nos falta coherencia.
Se dice que los caribeños en adición a las cualidades latinas, somos veleidosos.
Nos falta coherencia con la Barrick Gold, queremos inversión extranjera, y luego que contratamos, repudiamos. Durante un largo proceso, nuestros legisladores determinaron en nombre de la voluntad popular, la misma que les permite un fondo para obras sociales y un barrilito, aprobar dicho contrato y permitir las operaciones de esta empresa minera.
Luego, de todas las protestas, denuncias, en nombre de todas las agendas sociales, y políticas, legitimas o no, de todas las intoxicaciones alimentarias o no, ahora los legisladores, incluyendo a sus directivos, alegan que no sabían nada. ¿Y entonces?
Y uno pregunta hasta el sudor y las lágrimas, y las comisiones congresionales, que cobran dietas por cada sesión de trabajo, y los asesores especiales, y los experticios, y las incontables sesiones de trabajo, de lobby, y todo este vaivén de papeleo, cenáculos, y boato.
Todo para terminar en esta chapucería, ridícula, donde hoy no sabemos cual es la verdad de la Barrick Gold.
Legislar es investigar, examinar con prudencia, con sentido histórico, y de los intereses del país, documentase técnicamente, llamar a vistas públicas, escuchar a la sociedad. Para eso se les paga a nuestros representantes en este contrato social tan oneroso.
Y lamentablemente no hablamos de papa, o de yerba pangola, que son reproducibles, sino de recursos no renovables, donde las generaciones futuras, lejos de sostenibilidad, recibirán los huecos, que les permitirán ver la destructora ecología humana de sus antepasados.
Atentamente,
Doctora Nolia Moya Mustafá
Santo Domingo

