Bota y fusil
Señor director:
Lo único que se ha mantenido vertical, en lucha constante, en la historia dominicana, es el ideal de una patria libre, soberana e independiente, que se dé un justo reparto de las riquezas y que se respeten los derechos humanos.
La libertad individual y colectiva, el derecho a la vida, el mantenimiento de la democracia, es una de las grandes víctimas en la historia dominicana. Pocas veces logró germinar la semilla de la libertad.
Pero ni bajo las botas y el sable más despiadado o la dictadura ilustrada, el ideal de una patria donde ondée la bandera tricolor de la libertad, ha podido ser asesinado.
Los gobiernos democráticos y respetuosos de la libertad han florecido en pocas ocasiones. Nuestra historia está jalonada por el atropello del más fuerte, del que tiene más armas, del que despliega más fuerza, aún y con ríos de sangre bajo las botas, la idea de la libertad no pereció.
Surgimos como República el 27 de Febrero de 1844, pero aún se escuchaba el grito de libertad en el Baluarte del Conde, cuando se comenzó a fusilar a los patriotas, y Juan Pablo Duarte tuvo que salir hacia el exilio.
Antes de los 15 años de ser proclamada la República Dominicana, el poder había pasado a manos de los terratenientes que con sandalias llenas de lodo convertían en letra muerta la Constitución.
Pero se impone la capacidad de lucha del pueblo y se da el Grito de Capotillo, donde a tambor batiente se logra la Restauración.
Poco dura esa etapa de libertades, porque el heroísmo de Gregorio Luperón da paso al sanguinario Lilís, que sobre un mar de sangre y cadáveres gobernó al país, arrancando de raíz el árbol de la libertad.
Pero con la muerte de Lilís se reinicia la etapa de los caciques locales, de los generales de manigua, de la anarquía total de los terratenientes y adinerados, que lleva a la primera intervención militar de Estados Unidos.
De las botas norteamericanas se da paso a la larga dictadura de Trujillo, y de 1930 a 1978, el único gobierno democrático fue el de siete meses del profesor Juan Bosch.
La Revolución de Abril buscó implantar la libertad, pero sus efectos colaterales parieron al déspota ilustrado encarnado en Joaquín Balaguer.
Sólo el ideal de patria mantiene vivo en los dominicanos el anhelo de un gobierno del pueblo y para el pueblo.
Atentamente,
Manuel Hernández Villeta.
Periodista.

