La gran encuesta
Señor director:
Se ha dicho que, para los procesos electorales y a medida que se acerca el día de las elecciones, los partidos políticos contratan empresas encuestadoras para que realicen encuestas conforme a sus intereses.
Muchas de estas encuestas tienen una intención diferente a la que debe tener el instrumento originalmente.
Una encuesta es una medición de la situación de determinados asuntos en un momento dado; para los fines más comunes en política se hace para la medición de las simpatías o la intención del voto.
La encuesta retrata o debe retratar la intención del votante en el momento de su realización o en el período que abarcó el trabajo.
Una encuesta puede ser manipulada con las preguntas, se puede llevar al encuestado de forma sutil para que conteste conforme al interés del encuestador o conforme al interés de quien ha contratado el trabajo.
En pocas palabras, el interés del contratante prima por encima del objetivo científico de la encuesta.
Cuando se sabe que no se goza de la simpatía del pueblo y se está en el gobierno, se hace lo indecible para influir en el ciudadano; mas cuando se cree que el pueblo no siente, no piensa y es un borrego que camina por donde dice el dueño.
El gobierno, y su candidato, su partido y la estructura de poder, que sabe cuánto van a perder después del 20 de mayo, ha de hacer de aquí en lo adelante cualquier cosa por confundir al pueblo, serán capaces de soltar a granel millones y mas millones para comprar conciencias.
Serán capaces de ensuciar nombres y dañar reputaciones para desviar el interés del pueblo; que es salir de esta enfermedad morada y sembrar la esperanza blanca renovada.
Las últimas encuestas que han favorecido al partido oficialista o a su candidato, no tienen la misión de medir la intención real de voto, sino la de confundir con la esperanza de que el candidato preferido por las masas, que sin duda lo es Hipólito Mejía Domínguez, pierda la solidez que ha tenido desde el principio.
El 20 de mayo será la gran encuesta y esta favorece a Hipólito Mejía Domínguez. Ahí no habrá ningún margen de error, y ahora no hay fuerza humana que pueda cambiar esa intención.
Atentamente,
Súlgida Nin
Santo Domingo

