Formación familiar
Señor director:
Leí en un trabajo de un autor poco sonoro, que ser único en sostener una idea no es señal de estar equivocado. Muchas gentes preocupadas por los grandes males que nos aquejan, principalmente: corrupción, violencia y delincuencia, lo atribuyen a la poca formación de la familia. Ciertamente, esa formación, acuñada en valores, es el más valioso ejercicio para el desarrollo de auténticos ciudadanos y ciudadanas. Hay que tomar en cuenta que el entorno social es tan influyente como la familia, para que la población actúe apegada a los valores y exhiba la conducta deseada, en lo correcto, moral y ético.
No es demostrable que los modelos negativos que tenemos, que han perjudicado a este país, carecieran de formación en valores. Los narcotraficantes no fueron formados como eso, aprendieron el oficio en el mercado de ese mundo. No es probable que los altos oficiales militares y policiales que cargan con graves imputaciones, lo mismo que ciertos ex jefes de la Policía Nacional, no tuvieran buena formación familiar. ¿Cuántas puertas cerradas a personas honorables están abiertas para otros como el jefe de Fenatrano?
Algunos pudientes fueron sometidos a la Justicia por negarse a mantener a algunos de sus hijos o por maltrato a sus parejas; hay delincuentes que visten saco y corbata y hasta tienen nombres sonoros; hay jueces que venden sentencias; diputados y senadores despilfarran dinero del pueblo; hay corchos que cambian de partidos por conveniencia económica; constructores de obras del Estado que se pillan grandes sumas del dinero ajeno. ¿Acaso les faltó la formación del hogar?
Los feminicidas, ¿nacieron asesinos o imitaron los malos modelos? Hay cientos de periodistas y médicos con poses de honorables que cobran sin trabajar. ¿No tuvieron formación en valores? Mucha gente corrompida tuvo buena formación familiar, pero en el ambiente se pervirtieron. Tenemos mucha exhibición de recursos mal habidos que se han convertido en fuentes de poder.
Eso es tentador frente a tantas precariedades y falta de oportunidades. Y peor aún, ello constituye un avieso estímulo para los niños, adolescentes y jóvenes. De todos modos, hay que trabajar para fortalecer la familia ante las adversidades que nos arruinan, y ante la ausencia de señales del Estado de actuar para revertir el monstruo que el mismo Estado ha contribuido a que exista y se desarrolle.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

