La credibilidad
Señor director:
Muchísimos años atrás la lectura era una asignatura obligatoria en el programa de educación primaria, y aún los estudiantes del Nivel Medio teníamos que leer obras enteras.
La que más rememoro es Cosas Añejas, porque los crímenes espeluznantes destacados en esa obra del siglo pasado guardan similitud con los que actualmente acontecen y nos llenan de pavor.
Los ciudadanos y ciudadanas nos preguntamos: ¿De qué Seguridad Ciudadana hablan los funcionarios, si los únicos que están seguros son ellos y los suyos, por la excesiva seguridad que los cuida las 24 horas del día? ¿Cuándo entenderán nuestros organismos judiciales, que es urgente recuperar la credibilidad que con sus hechos han perdido, y hasta está amenazando nuestro estado de derecho?
A muchos nos taladra el alma saber la cantidad de jóvenes involucrados en hechos delictivos y crímenes abominables que generan reacciones no santas y no son para menos.
Es desastroso que tantas gentes entiendan que dándoles para abajo a esos jóvenes se reducirán los hechos delictivos. Es bueno decirles que los tantos que caen en los intercambios de disparos y los linchados no nacieron monstruos.
Estos monstruos son creaciones de los padres irresponsables y de los funcionarios sin ética ni moral que nosotros pagamos y que se han convertido en mercaderes y corruptores de menores, y la agravante es que por doquier se pavonean, frescos como una lechuga, porque no hay quien los sancione ni siquiera con una amonestación pública.
Ojalá los que celebran los linchamientos y las muertes de jóvenes delincuentes, ya sometidos a la obediencia, entiendan que estos hechos de barbarie nos están tipificando como una sociedad de salvajes.
La delincuencia juvenil es una odiosa realidad que sólo se reducirá cuando los padres irresponsables y los funcionarios practicantes de la doble moral reciban sanciones ejemplarizadoras.
Sería mejor aún, si el gobierno invierte en educación lo establecido por la Ley General de Educación, y si propiciara oportunidades para esos jóvenes y un sistema de justicia para todos y todas. Esto sin privilegios, porque son los privilegios la puerta de la exclusión.
Atentamente,
Teresa Gómez
Santo Domingo

