Opinión

Cartas de los lectores

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Reflexiones

Señor director:

Nuestros políticos, en interés de ganarse el favor de los votantes, no escatiman esfuerzos para criticar, desde el pago de bocinas en programas de radio, hasta llegar a la histeria por la supuesta indignación ante alegados desaguisados de los gobiernos de turno.

Los argumentos  son variados, pero siempre coincidentes con el problema que está sobre el tapete, al extremo de que en muchas ocasiones dicen lo mismo que otros contendores, y plagian trabajos de escritores extranjeros para adaptarlos  al acontecer nacional.

Sin embargo, debido a las debilidades de nuestro sistema judicial, el tema que siempre está presente, es la corrupción, aunque siempre resulta conveniente una variación, como es el caso de enfermedades que aparecen cada cierto tiempo como el dengue, el cólera, el paludismo, la rabia y la conjuntivitis.

La corrupción, junto a los demás temas, constituye la bandera de lucha de quienes practican la tesis “quítate tú pa´ponerme yo”.

Uno, que ha sufrido todos los gobiernos desde que la democracia comenzó a regir en nuestro país gracias a la decapitación de la dictadura trujillista, no recuerda la ocasión en que no se haya acusado al gobierno de turno de corrupto, depredador del erario, de deteriorar el sistema energético,  negar la salud de la población, de indiferente ante las alzas de los artículos de consumo obligado, del deterioro de las calles, abandono de los caminos vecinales.

Lo peor es que muchos de ellos estuvieron en el gobierno, pero estaban tan ocupados entonces que se olvidaron de resolver el problema de la energía eléctrica, la falta de agua,  las calles y caminos vecinales, mantener precios fijos en los combustibles y en los artículos de primera necesidad y, lo más importante, no coger lo que no es suyo.

Las preocupaciones traídas a colación son las que más frecuentemente esgrimen nuestros políticos. Lo que no hacen es elaborar un programa de gobierno a favor de la mayoría que tanto defienden, y abandonar la práctica de criticar a sus adversarios para caer en gracia a la población.

Uno podría concluir en que no hay capacidad para usar  un recurso distinto al de detractar al enemigo para lograr el favor popular, pero es mejor dejarlo de ese tamaño, porque no estamos vacunados contra las lenguas de estos prohombres de la política dominicana.

Atentamente,

Jesús Galán

Periodista

El Nacional

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