Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

¿Holocausto político?

Señor director:

Es preciso destacar que se hicieron presentes la obediencia y la sumisión a un dios que, como poder político y social, jamás abandonará a quienes sean capaces de sacrificar su inteligencia y su voluntad, culpando al pasado, o a quienes se rebelan y denuncian este desastre en el cual ha caído la República.

Quienes han tomado una decisión solo en aras de preservar la seguridad de sus dádivas, sean estas en la sociedad de masas creada por la opinión pública y en el proletariado electoral creado con los fondos públicos en programas sociales, sencillamente, prefieren la injusticia como cura preventiva a una virtual anarquía.

Es este acto de sumisión y obediencia electoral un holocausto con todas las reglas, en el cual la nación entera se entrega, sin guardar ni asegurar su memoria histórica, se desmerece y se ofrece voluntariamente como sacrificio y pasto de las llamas de un poder político y social operativo, y como prueba frenética de caridad y devoción a un gobernante, a sus congresistas, a sus ministros y a su clase empresarial.

Crecen nuestras dudas en esta experiencia republicana en las memorables palabras de Casiano: “Con ningún otro vicio trae tanto el demonio al monje a despeñarle en la perdición como cuando le persuade de que, despreciando los consejos de los más ancianos, se fíe en su juicio, resolución y ciencia”.

Está presente esta conceptualización de la obediencia y su transferencia a la política dominicana, sin que, de ningún modo, pretendamos cuestionar axiológicamente el resultado electoral, sino que, más bien, lo pensamos como un choque frontal con la pluralidad y el parlamentarismo, que son los elementos que se utilizan para identificar  un verdadero sistema de partidos políticos.

  Es preciso un mecanismo democrático verdaderamente operante, que sea capaz de garantizar una buena pedagogía de sus acciones, tanto de poder político, como de poder social, y de responsabilizare en su compromiso con el aprendizaje democrático por parte de todos sus ciudadanos.

Me despido ofreciéndoles mis disculpas por mi atrevimiento, al usar, por considerar que es oportuna, esta frase de Edmund Burke: ”Para que triunfe el mal, basta que los hombres de bien no hagan nada”.

Atentamente,

Fernando Sibilio

Santo Domingo

El Nacional

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