Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Cumbre de complicidades
A continuación explico lo que entiendo constituyen algunas de  las causas y efectos de eso que el escritor José Saramago llama “La Cosa Berlusconi” [El Nacional, mayo 08, 2009], en referencia al actual primer ministro de Italia. Seria bueno que Saramago y sus incalculables lectores se enteren de que esa “cosa peligrosamente parecida a un ser humano” es sólo la muestra de un fenómeno que se multiplica en todo el mundo. Por imitación, complicidad o coincidencia.  

Los escándalos de Silvio Berlusconi y su inalterable popularidad resultan sorprendentes en Europa. Entre nosotros, los latinos,  son el pan nuestro de cada día. Van y vienen como si tal cosa. Si Saramago se llegara a enterar, escribiría, con singular genio y visión,  ago así como  “Las cosas Presidentes”.

 Estados europeos altamente industrializados  son presa de una infalible fórmula despótica con ropaje liberal o democrático.

Este fenómeno es complementado y fortalecido por otro, no menos dañino, en el que no deja de intervenir, por supuesto, la manipulación de la opinión mundial y peligroso juego de interese en el que los países más pobres tienen que cargar pesado. No referimos a las frecuentes cumbres de gobernantes, eventos ya incesantes, más esparcidos que la verdolaga. Compiten en espacio y tiempo con destacados y valiosos acontecimientos deportivos, tecnológicos, científicos y de negocio.

Recursos vinculados por  los efectos que surten en el comportamiento de los jefes de Estado  y  las distorsiones que se le atribuyen. Estas llamadas cumbres de presidentes, con ediciones de mayor y menor rango, ya han adquirido el rango de sociedad o sindicato para encubrir y apañar delitos, crear falsos líderes, imponer reelecciones y  auspiciar las más deleznables tramas contra  el libre albedrío, la libertad de prensa  y los más nobles ideales que los pueblos han ido reclamado y conquistando  en sus incesantes luchas. Los recursos del Estado  al servicio del abuso y el arrebato del poder tienen aquí la legitima categoría del hecho cierto, por tanto, regular y permitido.

Echamos de menos los más mínimos sedimentos resultantes de esos cónclaves que mantienen  a los presidentes fuera de sus ocupaciones ordinarias.

 Es hora de que la comunidad mundial despierte y retome sus derechos arrebatado por la fuerza del dinero.  Berlusconi no está solo en sus celebrados delitos contra la humanidad. Sus excesos apenas han dado la voz de alarma.

 

 Eduardo Álvarez

Santo Domingo

El Nacional

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