Opinión

Cartas de los lectores

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Enfoque semanal

Señor director:

Decía el profesor Juan Bosch, que en política hay cosas que se ven y otras que no se ven, porque las cosas no son muchas veces lo que aparentan ser.

Esta afirmación del extraordinario pensador. lo traigo a colación ante los reclamos de varias organizaciones de la llamada sociedad civil exigiendo la aplicación a rajatabla de una ley que data del primer gobierno del presidente Leonel Fernández, que dispone que a la Educación oficial se destine cada año, dentro del presupuesto nacional, el 4% del Producto Interno Bruto.

Todos estamos de acuerdo en que es necesario elevar el gasto educativo, que actualmente ronda el 2.4%, y el presidente Fernández, consciente de esta realidad y pese al constreñimiento de los ingresos fiscales, ha dispuesto elevarlo a un 2.75%, equivalente a unos 51 mil 568 millones de pesos para el próximo año 2011.

Pero hay que convenir que las carencias de nuestro sistema educativo, donde la escolaridad se pierde por diversos factores en alrededor del 25% cada año, vienen desde muy lejos, y no pueden subsanarse de la noche a la mañana y como por arte de magia.

Sería un derroche de recursos el que de golpe y porrazo, como quieren los gestores del movimiento de las sombrillas amarillas, el presupuesto del Ministerio de Educación se duplique en un abrir y cerrar de ojos, sin una previa planificación de hacia dónde irían esos fondos.

Lo primero que hay que hacer es un plan serio, de por lo menos un quinquenio de duración, para, concomitantemente con elevar anualmente el presupuesto de esa cartera, formar los maestros que tendrán a su cargo la transformación de la escuela.

Tenemos que preparar profesores en materias básicas para el desarrollo, como las matemáticas, la física, la química, y por lo menos los idiomas inglés y chino, además de la gramática, donde tantas fallas existen, para luego construir mas aulas, dotar a las escuelas de laboratorios y computadoras, duplicar los sueldos de los maestros y establecer la tanda escolar única de nueve de la mañana a cinco de la tarde, con una hora de intermedio para el almuerzo escolar.

Transformemos nuestro sistema educativo, pero hagamos, sin prisa, aunque también sin pausa, algo en lo que coincidimos todos los buenos dominicanos, con el presidente Fernández a la cabeza.

Atentamente,

Julio César Jerez Whisky

Santo Domingo

El Nacional

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