Perversidad
Señor director:
Tal es el rumbo que lleva la política en este paisaje, que mientras más percibimos el comportamiento politiquero de ciertos personajes, más queremos a nuestras mascotas. El pasado primero de abril, nueva vez sentí revoltura de estómago al leer, en este mismo diario, que los regidores del Cabildo de Santo Domingo Este cobran RD$184,000 cada mes. Los escándalos de regidores de distintos cabildos y partidos por las elevadas mensualidades que se adjudican, había cesado, talvez por las ácidas críticas que llovían.
Aquí, los elegidos para que le sirvan al país invierten el rol y usan los cargos para servirse con la cuchara grande y abusar de la autoridad que se les alquila. No solo los diputados y senadores se privilegian ellos mismos de manera tosca e ilegal, también los regidores y buena parte de los funcionarios públicos. Hay quienes los señalan como sanguijuelas o garrapatas, diminutos seres que se alimentan de sangre.
184 mil pesos cada 30 días, es un insulto más contra los médicos no especialistas y los maestros. Es una afrenta quienes ganan algún salario mínimo establecido por ley, a los agentes de Policía y de las fuerzas Armadas en particular. Es una afrenta mayor para la amplia población que sobrevive sin alimentación segura.
Esos privilegios desbordados son causantes de la abundante venta y consumo de drogas, de la delincuencia y la violencia en los barrios. Son burdos y deshonestos ejemplos que permean la niñez y la juventud, sin confianza ni esperanza en las instituciones. El ego solo les permite pensar y accionar por y para ellos, obviando que si este barco se hunde, la sobrevivencia no está blindada para nadie.
Esta realidad es destructiva y vergonzosa ante la magna población de gente sin empleo y con suma necesidad de tenerlo.
Lo alarmante no es que estos sujetos ganan mucho dinero, sino que la generalidad de servidores públicos y privados gana muy poco, y que esos privilegios son aprendidos y enseñados por los politiqueros. Por eso tenemos cada vez más ricos a costa de los recursos y los derechos de los más pobres. Tipificar como chupasangre a estos personajes es la forma más decente de ponerles un epíteto, pues en gran medida son responsables de la descomposición social que nos intranquiliza y nos mantiene en vilo.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

