La Thatcher
Señor director:
El fallecimiento de Margaret Thatcher, quien, junto a Ronald Reagan representó la derecha en la década de los ochenta y mucho más allá, ha puesto sobre el tapete la situación de ese sector a nivel mundial.
Y no es para menos. La Thatcher no fue cualquier mujer, fue una rebelde, porque rompió los esquemas de la política británica, siendo mujer, que jamás renunció a serlo, y siendo al mismo tiempo la primera fémina en ser electa primer ministro. Su gran error fue aferrarse al poder. Le ocurrió igual que a Joaquín Balaguer en nuestro país y a Charle De Gaulle en Francia. Valery Giscard DEstaing fue una copia no muy Buena de De Gaulle, pero también figura en la lista.
Margaret Thatcher fue sacada de escena por su salud, que, en los últimos diez años de su vida fue extremadamente precaria. Llegó a tener incluso demencia senil.
En América Latina, es de triste recordación por la batalla librada en Las Malvinas, territorio que Gran Bretaña conserva.
En Europa, se opuso a los Acuerdos de Maastricht, que dieron origen a la creación de la Unión Europea.
Cuando en 1979 alcanzó la victoria electoral y fue electa como primer ministro, inició su mandato con altos niveles de popularidad, que la mantuvieron en el gobierno hasta 1990, cuando, como consecuencia de la aplicación de las recetas fondomonetaristas y de su encarnizado enfrentamiento con los sindicatos y con el movimiento popular, tuvo que renunciar.
Ha sido muy documentado que la noche en que Thatcher fue derrotada dentro del Partido Conservador, a fines de noviembre de 1990, preparó su memorable declaración de renuncia como primer ministro, la cual leyó el 22 de noviembre de ese año, bajo lágrimas. Hasta el último minuto, ella intentó mantener el poder, pero ya no tenía la legitimidad de años anteriores.
Solo la ambición de poder la hizo llorar en público.
Ella lloró, porque su objetivo era seguir en el poder y se vio contrariada por la voluntad de la mayoría de los integrantes de su partido.
Su muerte ha sido muy comentada, y es que con ella se despide a un símbolo. No es otra cosa que un símbolo, aunque en una parte del mundo no fue bien acogida.
Atentamente,
Alba Filomena García.
Santo Domingo.
