La victoria
Señor director:
A quienes dicen que fue pírrica la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones del pasado domingo, en Venezuela, yo les doy una respuesta que una amiga analista considera muy simple, pero que yo la sigo repitiendo, porque yo sí no soy analista: así quisiera haber quedado Henrique Capriles, y, a pesar de todo el apoyo que recibió de grupos poderosos, fue derrotado.
Ha concitado muchas interpretaciones el triunfo con poco de Nicolás Maduro. Al margen de la connotación política, que es necesario imprimirle al mismo, yo creo que hay que tomar las cosas con suavidad.
Lo innegable es que se trató de una buena jugada política de Maduro, quien en todo momento se presentó como continuador del proceso revolucionario.
Todo el que participa en unas elecciones tiene derecho, dentro de los parámetros de la legalidad y la legitimidad, a dar los pasos que considere necesario para quedar lo mejor parado posible. Pero Henrique Capriles parece que entendía obligatorio ganar la presidencia de Venezuela y solamente intentó revertir un resultado que no hay forma de hacer que le sea favorable.
En realidad, Capriles perdió, y puede darse por dichoso que ha conseguido tantos votos cuando no ha hecho grandes compromisos con el pueblo, y su discurso en torno a los programas sociales es ambiguo.
No se puede desvincular su derrota de la posición de derecha que exhibe y que él mismo cree que le puede favorecer.
Del mismo modo, puede ser que la derecha venezolana, con una figura menos vulnerable hubiese incluso ganado las elecciones, pero no fue Capriles el candidato ideal y parece que después de dos derrotas consecutivas, a pesar de su juventud la presidencia se le pone lejos.
No quiero desautorizarlo ni decir que él no tiene importancia. La tiene, porque ha obtenido altas votaciones. Ahora, eso sí, él tendrá que hilar fino si no quiere que el pueblo, lejos de aumentar su apoyo y confiar en él, lo repudie. Y mientras más haga contra la revolución chavista, peor será para él.
De cualquier modo, los chavistas saben que tienen muchos ojos encima y que tienen que meditar cada paso.
Es lo que se puede decir desde aquí. Quizás los expertos saben más, pero eso es lo que podemos ver quienes no lo somos.
Atentamente,
Clara Contreras.
Santo Domingo.

