Volver?
Señor director:
El cuento de los recursos del Estado, se parece mucho al pataleo por adelantado. Lo que tenemos que hacer es votar y esperar a que la Junta Central Electoral cuente los votos. Así sabremos quién ganó o quien perdió.
Soy opuesto al retroceso. La oposición escribe siempre con los mismos siempre y acusa al gobierno de utilizar los recursos del Estado para apropiarse de todos los poderes. Y pone calificativos como si con eso se lograra hacer variar la intención de voto. Aquí nadie soporta los abusos y la verdad es que hay denuncias que solo hacen daño a quienes, después que las hacen, no pueden sostenerlas.
El pasado no puede volver. No podemos apostar al pasado. Parecería como si se nos quisiera vender esa idea.
El pasado, para imponerse, quiere aplastar al presente y es para apoderarse del futuro y volver a convertir los supermercados en casas del terror. La palabra dictadura constitucional, es una incoherencia, no puede haber dictadura constitucional. La dictadura es una situación que viola la ley, si un régimen es constitucional y se le considera como tal, es un régimen de derecho.
Hay que estar vacío en cuanto a análisis político, para pensar en el término dictadura constitucional. Los intelectuales que sostienen eso, tendrán que explicarle bien al pueblo y tendrán que decirle, además, por qué razón ellos plantean una vuelta al pasado. En base a qué compromiso, y con cuál estructura ellos piensan que van a rescatar la democracia, además, no pueden rescatarla de quien ha ganado tantas elecciones.
Yo no me uno a una patana a hacer campaña, pero entiendo que no hay dictadura constitucional y que con la idea de volver, nadie debe abocarse a buscar fundamentación para ese disparate.
Del mismo modo, hay quienes quieren entrar al Palacio sin haber hecho jamás un trabajo político, y les dicen charlatanes a quienes sí lo tienen hecho.
No voy a exhortar a nadie a votar por quien no quiera votar, pero tenemos que tener mucho cuidado, porque cuando damos un paso en falso la consecuencia natural es caernos.
Atentamente,
José Luis Pereyra
Santo Domingo

