Por Haití
Señor director:
Como dominicano, interesado en que la Comunidad Internacional ayude a la nación haitiana, para que se pueda potencializar el desarrollo de ese país, y no que busque solucionar el problema haitiano a través de la República Dominicana, para que en su territorio se les dé trabajo, los eduquen, les resuelvan sus problemas de salud y se adopten sus costumbres y tradiciones, a fin de que la fusión así inducida sea menos traumática para los dominicanos.
Debo confesar que no siempre he compartido los puntos de vista del director de El Nacional, pero que en relación al editorial que el día 20 abril publicara éste periódico, me satisface sobremanera felicitar a Radhamés Gómez Pepín e indirectamente a los dueños del periódico, por recordarle al gobierno de Estados Unidos su comportamiento histórico en materia de Derechos Humanos y su doble moral en esa materia.
Gracias, Radhamés, no creo que exista un dominicano que ame su país, que no agradezca ese valiente y puntual editorial.
Con el debido respeto te saluda, Por la Asociación Nacional de Electores
Atentamente,
Dr. Luis Ventura.
Presidente.
La inversión
Señor director:
La inversión extranjera es el motor de los capitales en los países pobres, y particularmente en República Dominicana.
El gobierno no debe llevarse de los grupos radicales que gritan nacionalización, pero debe ponerse los pantalones y exigirles a todas las empresas que hay en nuestro territorio cumplir fielmente las leyes dominicanas.
¿Cuándo vamos a hacer esto?
¿Acaso para recibir inversiones tenemos que permitir que paguen sueldos de miseria, que nada o casi nada le dejen al fisco y que violen, incluso las leyes dominicanas?
Eso no puede ser así, y no es así, porque no se puede ser al mismo tiempo inversionista y delincuente, hay que ser solo una de las dos cosas, y si eso no está claro para algunas personas es porque muchas veces el disfraz de inversionistas les ha quedado bien a ciertos delincuentes.
No se trata de bravuconadas ni de cosas por el estilo, se precisa que todos entendamos que no podemos seguir viviendo como en los viejos tiempos, que las empresas tienen que invertir con alguna regulación y que el ser un país pobre no puede convertirnos en paraíso para violación a las normas más elementales de convivencia.
Atentamente,
Joaquín A. Santiago.
Santo Domingo.

