Una escuela
Hablo del populoso barrio 27 de Febrero, a diez minutos del Palacio de Gobierno y de la Secretaría de Educación. Sus escolares llevan 37 años recibiendo clases en maltrechas casitas. Héctor J. Díaz y Escuela Unidas 27 de Febrero son los nombres que por 37 años han reservado para uno o dos planteles que esa comunidad necesita, mientras los niños y niñas reciben docencia en un archipiélago de 11 casuchas.
Cada año se arrecia una lucha distinta en reclamo de su derecho a tener su propia escuela.
En el año lectivo que finaliza, han hecho más de veinte reuniones, la mayoría con representantes de la Secretaria de Educación, evaluando un lagar adecuado en el barrio donde se pueda construir un plantel. Ello implica que después de validar el terreno hay que negociar con los dueños de viviendas de la manzana que resulte seleccionada, lo cual es compromiso directo del Gobierno.
Han pasado 37 años de incumplimiento del Estado para satisfacer el derecho de los niños y adolescentes de ese barrio a tener su escuela. Son 37 años sin que ningún gobierno haya puesto interés en hacer lo que la constitución le manda para propiciar una educación de calidad para toda la población en edad de recibirla.
Increíble pero cierto que en pleno siglo XXI tengamos esa marcada injusticia ante muchachos en pleno Distrito Nacional y en el país.
Por Dios, por la Constitución y por la Patria, que el presente secretario de Educación o cualquier otro, hombre o mujer, que pudiera suplantarlo, asuma el reto de gestionar ante el Poder Ejecutivo la construcción de la escuela que, en buen derecho, le corresponde al populoso barrio 27 de Febrero.
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo
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El pasaje
Recientemente pedí un taxi, y, en el trayecto, iba conversando con el taxista.
El taxista me dijo que la compañía a la que pertenecía se proponía bajar las tarifas a los clientes, dejando casi igual el cobro a los taxistas, que son quienes pagan por el servicio de Comunicaciones.
Y yo, que siempre ha considerado exageradas las tarifas, le dije que debían bajarlas todavía más, pero que tenemos que recordar que todos tenemos que cargar con el peso de la crisis, no sólo una parte.
Lic, Danilda Cruz
Santo Domingo

