A Hipólito y Miguel
Señor director:
Por este medio, dirijo la siguiente carta a Hipólito Mejía y a Miguel Vargas.
Distinguidos Ciudadanos:
Prescindimos de títulos y apellidos con la intención de rodear este documento de carácter coloquial y por tanto familiar. Los títulos son agregados sociales y la raza humana no tiene apellidos. La dialéctica como método científico para el análisis, reza: Las mismas causas en iguales circunstancias producen los mismos efectos. Aquellas causas vuelven a propiciamos una tercera derrota consecutiva. Ustedes dos, cargan con la gran responsabilidad y están en el deber de parar esto y evitarse el juicio condenatorio de la historia. Deben hacerlo todo por cambiar la suerte del partido.
Ustedes no son dos grandes revolucionarios, pero sí son bien intencionados reformadores liberales. Son hombres de Estado y el Estado debe ser sustentado. Se le exige mayores sacrificios a quien más ame nuestra democracia, con todo y lo maltrecha que está.
En apenas una década, la democracia dominicana se ha visto al borde del precipicio: la crisis del 98 y el actual momento eleccionario, de perfiles muy delicados. A la nación hay que evitarle estos sobresaltos que parecen estatuirse como una constante. La actuación de nuestros hombres de Estado, está abriendo el resquicio por donde se colará una nueva realidad políticosocial. Ella viene con intención mesiánica a corregirlo todo, está a la vuelta de la esquina y nos traerá mucho dolor, algo consustancial a todo parto (el caso venezolano ilustra sobremanera).
Ustedes dos se abocan a una gran refriega. Ya están velando las armas. Están bien azuzados. Será una lucha de colosos donde no habrá ganadores. Las esquinas están revestidas con las barrigas de conglomerado perredeísta, y de las cuerdas, como guirnaldas penden las cabezas de los cuadros, militantes y figuras emergentes.
En ustedes, el partido tiene una gran inversión, ninguno es más importante que el otro. Ambos son de enorme valía. Llegan a mi mente imágenes juveniles de ustedes, junto al líder que hablaba de ver más allá de la curva. El que murió pletórico de perdón; incluso para Vincho y el ilustrado de la Máximo Gómez 25.
Llegó la hora de soltar el hacha. Vomitar la inquina en el Mar Caribe y pisotear las diferencias que uno es quien las magnifica.
Atentamente,
Eduardo Vargas
Comando Agropecuario DN, PRD

