Opinión

Cartas de los lectores

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Triste final del PRSC

Señor director:

 Estatuas, calles, ciudades, hospitales, aeropuertos, carreteras, escuelas,  canales de riego y provincias exaltando el nombre y la figura de Leonel Fernández, deben estar a punto de aparecer en el escenario local. Una bandada reformista ha trazado la pauta.

Eso de “líder viviente” es un jocoso atropello gramatical, un pleonasmo [para dirigir y liderar algo hay que estar vivo, ni modo que un muerto tenga la facultad de mandar].  Para qué hablar del desafuero  político y moral que representa esta ridiculez, sólo para que una docena de oportunistas puedan enquistarse en el gobierno.

Un triste final  anunciado e iniciado con la muerte de Balaguer.  Forzosamente prolongado para exprimir lo poco que queda del Reformista. Dos bandos se repartieron sus despojos en escenarios tan falsos como patéticos. Patrocinados ambos por el presidente Leonel Fernández.

El canciller Morales Troncoso fue “premiado” con la presidencia del pedazo que conserva la franquicia y el escudo, mientras que el director del Indrhi,  Héctor Rodríguez Pimentel, se inventó  esa extravagancia llamada “Líder Viviente” para no quedarse atrás. Nada como la lisonja para acortar camino cuando faltan razones y motivos.

Estos chistes de mal gusto constituyen una gran afrenta para una fuerza política digna de un final decoroso. Pero, a pesar de que sobra la desvergüenza por la naturaleza de los actos en ellos mismos,  se insiste en las contradicciones. El nuevo presidente de la franquicia reformista no acepta al secretario general que se le quiere imponer. Parece que ni tapándose la nariz lo puede tomar con las manos enguantadas. Se dice que su jefe lo está forzando a echar a un lado esas quisquillas, lo cual consagraría la magia de unir el aceite con el vinagre. Sólo Dios sabe lo que se  puede lograr con el poder y el dinero del Estado.

A todo esto, vale preguntarse ¿qué hacen en uno de esos grupos, ya enrarecidos y expuestos al escarnio público, dirigentes de la talla, consideración y respeto de Osiris de León, Ito Bisonó, Guillermo Caram, Danny Perdomo y otros, quienes deben entender que la historia gloriosa del Reformista se fue con Balaguer? No porque él lo haya dispuesto, sino porque los dirigentes que le sucedieron no entendieron ni asumieron el papel que debieron jugar para mantener y relanzar la fuerza y el compromiso que heredaron.

 Atentamente,

Eduardo Álvarez

Santo Domingo

El Nacional

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