Opinión

Cartas de los lectores

<P>Cartas de los lectores</P>

A y ley VIH

Señor director:

Recientemente, tuvimos el honor de participar en un taller organizado por la Coalición ONG-Sida, en donde fue socializada la nueva ley 135-11, sobre VIH Y SIDA, la cual entró en vigor el 7 de junio, a partir de su promulgación por el Poder Ejecutivo.

En el marco del encuentro se dio a conocer, además, el alcance del nuevo Consejo Nacional Para el VIH y el SIDA (CONAVIHSIDA), en donde fueron excluidas instituciones vitales para la respuesta nacional.

Nosotros, que solemos analizar y reflexionar acerca del avance de esta pandemia y otras infecciones, saludamos la ley, aunque nos resulta muy extraño que el Ministerio de la Fuerzas Armadas y la Policía Nacional no sean parte integral del CONAVIHSIDA, tal y como lo establece el artículo 22 de dicha Ley.

Resulta cuesta arriba pensar que esta legislación es excluyente, ya que en la creación del Consejo existen unas 17 entidades oficiales y de la sociedad civil con sus respectivas representaciones, pero no se habilitó un espacio en su dirección ejecutiva para los guardias y policías.

Aunque llamamos la atención sobre este particular, no fuimos satisfechos con la respuesta que nos ofreció la persona que fungía de motivadora de la ley 135-11, pero estamos a tiempo para crearles un espacio a esas entidades.

Nuestra preocupación viene a colación porque en la vieja ley sobre Sida (la 55-93), así como el decreto 32-01 que creó el Consejo Presidencial del Sida (COPRESIDA), existía una representatividad de la Fuerzas Armadas, y ahora no.

No nos olvidemos que tanto los institutos armados como la Policía  Nacional, están compuestos por miles de soldados y agentes, cabezas de familia, distribuidos en toda la geografía nacional, prestando servicio, incluso en lugares donde no llega la mano amiga de la prevención.

¿Quién los empodera y los educa sobre la prevención de esta terrible enfermedad si no tienen un espacio en el Consejo creado por la nueva ley 135-11?

Los guardias y los policías son muchos, tienen familias, viven agrupados en sus cuarteles, se enamoran hasta de una mata, por lo tanto, son proclives a contraer una que otra infección y llevarla a sus hogares.

Ellos pertenecen a un sector vulnerable, por lo tanto, también son candidatos a convertirse en victimas de la estigmatización y de la discriminación.

Atentamente,

Nélsido Herasme

Periodista 

 

 

El Nacional

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