Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Los maestros

Señor director:

Los maestros del sector público son dignos de pena, porque sólo son buenos para exigirles y ser abusados por autoridades, que se comportan como clones de Cruela de Vill, la de “Los 101 Dálmatas”.

Los acosan sin piedad y sin cesar les exigen  rendir lo máximo. De los acosos no se salvan ni siquiera  los que trabajan en condiciones infrahumanas, en centros que son almacenes de estudiantes y que les llaman escuelas. Todavía hay quienes trabajan debajo de árboles.

Junto a esas condiciones de trabajo calamitosas, están las limitaciones económicas de quienes lo único que tienen para resolver sus necesidades básicas es el sueldo.

La tragedia de la mayoría de los educadores es no pertenecer a la casta privilegiada a que pertenecen los diputados y senadores (todos millonarios, pero quieren 50,000 de aumento) y unos funcionarios pésimos, que tienen al país como un barco a la deriva, porque están en todo menos en lo que tienen que estar, y por eso lo que menos hacen es trabajar  a favor de sus representados, que somos quienes les pagamos sus lujosos sueldos.

Como los maestros no merecen un sustancial aumento de sueldo que les permita mejorar su calidad de vida y por ende realizar una mejor labor, el ministro de Educación debería viabilizar que sus representados cobren puntualmente, porque es penoso ver a docentes deambular por las sucursales del Banco de Reservas y cajeros automáticos después del 25, para encontrarse con que “no han depositado”.

Esto baja incluso la autoestima. Es  secreto a voces que el sueldo de los maestros es para malcomer y amortiguar deudas. Pero ya estos funcionarios no saben lo que es esperar el pago del mes para cuadrar cuentas.

El mismo víacrucis pasamos muchos pensionados y jubilados para cobrar, pero más nada  podemos esperar de funcionarios que a los activos les exigen preparación académica y andar bien vestidos y calzados, pero nada de aumento, porque en los gobiernos del PLD la austeridad es para los del medio y los de abajo.

Y para colmo, nos abusan funcionarios  indolentes, que “ignoran” que hasta la belleza cansa y no son precisamente bellas sus actitudes inicuas contra un sector que, por razones obvias, merece un trato más humano y justo.

Atentamente,

 Lic. Teresa Gómez   

Santo Domingo

El Nacional

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