Información veraz
Señor director:
Lamento pensar que el termino veraz como calificativo insólito y, por demás, ambiguo, que frustrada e ingenuamente se pretende incorporar a la Ley de Acceso a la Información Pública se originó en la mente de un popular político democrático del Hemisferio cuyo nombre, por respeto, omito.
La ley como regulador de la conducta de los ciudadanos debe ser clara para que la ciudadanía la conozca y entienda. Pero, además, taxativa, esto es sin que se preste a ambigüedades.
Desde otro punto de vista, ¿quién se puede declarar poseedor de la verdad? Pues mucho menos de lo veraz.
Santo Tomas Aquino, que asimiló, sintetizó y se basó en el pensamiento de las cumbres filosóficas de la civilización greco-romana, definió la verdad como la adecuación de la mente a la realidad. Pero, ¿cuándo se realiza esta adecuación? ¿Cómo se puede afirmar que una ley reproduce una verdad? Pues mucho menos una ley puede estar regida por el término veraz.
Pero, además, ¿quién está en capacidad para definir o declarar que una información es veraz o no? No puede ser el informante, porque sería Juez y parte. No puede ser el Estado, porque se incurriría en la censura previa, desechada y abominada por todos y siempre menos por los regimenes socialistas y dictatoriales. No puede ser tampoco la sociedad como un conjunto de ciudadanos individuales, porque estos ya han delegado sus facultades de juzgar en el Poder Social, que es el Estado.
Entonces, ¿Quién? Nadie. Luego, tendríamos una Ley que no puede cumplir sus objetivos. Y esto es absurdo.
¿Quién fue el precursor de este termino veraz? El Presidente de una Republica. Un Presidente demócrata, honesto, diáfano, incorruptible. Seguramente se vio agobiado por los ataques de la prensa a funcionarios de su propio gobierno.
Inteligente, brillante concibió este término. Pero el temor al peligro para el derecho a la libre expresión por su parte, a un gobierno democrático aterra. Y aún los legisladores de su propio partido rechazaron el término.
Y el derecho a la libre expresión radica en la dignidad de la persona humana, inviolable, hecho a imagen y semejanza divina.
Y en el día de hoy, insertar el término veraz rebuscado entre las cenizas del fracaso, es, por lo menos, una simpleza.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
Santo Domingo

