Enfoque semanal
Señor director:
El presidente Leonel Fernández acaba de retornar de un exitoso viaje por Estados Unidos. Visitó, entre otras ciudades, Nueva York, San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Austin, y Chicago.
Además de participar en la Cumbre del Milenario y ser uno de los oradores en el 65 período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se entrevistó con inversionistas a quienes animó a traer al país capitales y tecnología.
Como siempre, hay gente que criticó el viaje, pues vive en el pasado, aferrada a esquemas propios de una mentalidad de principios del siglo 20, que no concibe que en la Era de las Computadoras y la Internet, el despacho presidencial, como el de cualquier ejecutivo, está a un click de distancia, para enterarse de cuánto acontece y adoptar las medidas o decisiones que las circunstancias ameriten.
Y el retorno del mandatario ha coincidido con una ofensiva del principal partido de la oposición, que se aferra a sacar las cuentas a su libre albedrio, y trata de socavar la confianza de los inversionistas extranjeros, pronosticando catástrofes.
Se trata de un juego peligroso, que puede volverse contra sus auspiciadores, porque, si las cosas resultan como prevén los economistas del PRD con Arturo Martínez Moya y Andy Dahjuare a la cabeza, un eventual gobierno del partido blanco, aunque luce más que improbable habida cuenta de la división que afecta a esa parcela política, se las vería negras para mantener la macroestabilidad, el valor de la moneda, y, claro, la gobernabilidad nacional.
Ya en el desgobierno de Hipólito Mejía, el peso perdió más de un ciento por ciento de su valor, llegándose a cotizar a 48 por uno frente al dólar de los Estados Unidos, lo que llevó los índices de inflación a cotas nunca antes alcanzadas, hundiendo en el hambre y la miseria a más de cuatro millones de dominicanos.
Por eso, compartimos a plenitud la opinión del Presidente Fernández de que la oposición política exagera y trata de crear fantasmas.
Si hay una tecla que no deberían tocar, como aconsejaba Joaquín Balaguer, es la deuda del Banco Central, heredada de los desaciertos en que incurrió Hipólito Mejía con sus asesores financieros, cuando hicieron frente a la debacle bancaria del año 2003.
Atentamente,
Julio César Jerez Whisky
Santo Domingo

