Fraternidad
Señor director:
Tanto, para mí. Así también, para ti. Y, por igual, para todos, el vivir, de seguro, más dulce, se nos volvería, si, cada día, y tras la salida del sol, empezamos poniendo en práctica una positiva acción.
¿Cuál? A temprana hora, a cada vecino, hacerle la placentera llamadita. Para, suavemente, en tono melodioso, comunicarle lo siguiente:
Saludo, saludo. L1amo para saludar.
Empieza desde mañana. Y, persiste en tal ejercicio hasta hacerlo costumbre mañanera. Es que el vecino es persona que vive relativamente cerca de otra. Habitante cercano. Que vive en la casa de al lado.
Vecino, es, pues, el prójimo.
Muchas las grandes personalidades, que con relación al prójimo se han manifestado.
Rabindranath Tagore se expresa así: «No basta compartir las ideas con el prójimo; se ha de compartir la vida.»
EI pastor protestante alemán, Martín Niemoller, establece que: EI amor al prójimo no conoce límites ideológicos ni confesionales»
Teresa de Cepeda y Ahumada, mejor conocida por Santa Teresa de Jesús, precisa: «Quien no amare al prójimo no os ama, señor mío».
Las antes expuestas opiniones, de todas esas otrora personalidades, ¿que quieren significar?
Por la situación de nuestros vecinos, tenemos que preocuparnos. Si les acontecen desgracias algunas, el estar a sus lados, y, socorrerlos.
Además, ser atentos y generosos con ellos todos.
También, mantener la constante convivencia.
Es que, quede claro, en la realidad misma, nuestros vecinos vienen a resultar nuestros reales y verdaderos amigos, familiares, hermanos.
A ellos recurrimos, de cuando en cuando, ante urgentes contratiempos presentados.
En ellos nos auxiliamos, también, por ocasiones dadas. Concienticémonos, pues: Los vecinos, son nuestro prójimo.
Por eso, esta recomendación nuestra:
Entre 6 y 7 de la mañana de cada día, a tu vecino, hazle la llamadita.
Para decirle así, y reitero:
Saludo, saludo. L1amo para saludar. A todos mis vecinos, les deseo felicidad. A todos mis vecinos, les deseo, de verdad, toda la felicidad del mundo.
Atrévete, pues, desde mañana mismo.
Y veras, cuán dulce se te hará el vivir cotidiano.
Atentamente,
José Manuel Vargas González
Santo Domingo
