Opinión

Cartas de los lectores
Traviesos

<STRONG>Cartas de los lectores<BR></STRONG>Traviesos

Señor director:

Salvo pocas excepciones, los diputados y senadores cometen tantas travesuras, que no podemos decir públicamente las barbaridades y calificativos que les endilgan en variados escenarios, inclusive en las iglesias. Se queja la gente del largo tiempo que les falta para sustituirlos de las curules que ocupan, y opinan además, que estas curules les quedan grandes.

La gente entiende que no son honorables, tolerantes, respetuosos, equitativos, responsables ni honrados y muchas etcéteras. Los ciudadanos comentan que el Congreso es uno de los escenarios al cual, seguido de la Policía Nacional, debió llegar desde su inicio, el programa “Bien por ti”, que, según se publicita, desarrolla el Despacho de la Primera Dama.

 Una travesura reciente de los congresistas es repartirse más de 136 millones de pesos en regalos para promoverse políticamente. Ese dinero es del Estado, y la situación causa molestia a mucha gente. Con lágrimas amargas por la impotencia, al no poder evitar los abusos de poder que cometen estos legisladores, mucha gente comenta que esto no puede ser. Esos regalos para las madres son insultantes y denigrantes, ya que el propósito no es halagarlas como madres, sino cultivar el agradecimiento politiquero con los cuartos del pueblo.

Los halagos personales se hacen con recursos propios, no con dinero ajeno.

Incluimos a todos los congresistas en el mismo saco, porque no hay un grupo que se haya organizado para manifestarse, o se haya movilizado denunciando los privilegios groseros con los que hacen vida de gala estos legisladores, a quienes no les importa que el país tiene miles de familias sin comida, sin medicina y sin vivienda asegurada.

Esos malos ejemplos estimulan la delincuencia y la violencia. Prueba de ello es el caso de los grupos de facinerosos de Bonao denominados Las Gangas, que atracan y matan a cualquier ciudadano o ciudadana. Conocemos legisladores que por su mala conducta pública no merecían estar en ninguno de los hemiciclos, pero jamás nos imaginamos que todos se pusieran en contubernio  para ciertos despropósitos.

Quien quiera escuchar estas quejas, que aborde guaguas y carros públicos o visite los barrios sembrados de pobres, entre ellos indigentes, y así percibirá objetivamente la realidad de la pobreza de nuestra gente, y disfrutará, para mal o para bien, de un inolvidable baño de pueblo.

Atentamente,

Lic. Santiago Martínez

Santo Domingo

El Nacional

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