Opinión

Casandra

Casandra

Son tristes las noticias que nos ponen en el mapa.  No son ya las hazañas de Alex Rodríguez, o de Superman, son las cifras de feminicidios, las más altas de la región, de asaltos, de inseguridad social, de drogadicción, y de “intercambios de disparos” donde mueren en promedio dos jóvenes por día.

Las razones son múltiples, todas asociadas con la pobreza, no solo la pobreza material sino la cultural.  La juventud improvisa sus mensajes con lo que tiene, su bajísima escolaridad, su falta de acceso a un nivel cultural amplio, a otra música, a la danza, al teatro, al cine, a la plástica.

Con lo que ha recibido y aprende, la juventud improvisa, y da una demostración de creatividad por encima de la muerte cotidiana de sus barrios, el problema está en que obviamente lo que escriben,  componen y cantan refleja su realidad y esa realidad es terrible en múltiples aspectos.

¿Cual es la relación entre los feminicidios y el rap, el hip hop, las bachatas, merengues, salsas, sones  o boleros populares?

Solo hay que escuchar El Sapito, de Mozart La Pará, o “Tengo siete locas” para constatar la imagen totalmente desprovista de humanidad y dignidad de las mujeres de que tratan estas composiciones.  Solo hay que prestar atención a las canciones de  otros autores para leer entre líneas el papel que juega la droga, y el alcoholismo en los estados de ánimo de la juventud pobre y marginal de este país.

Asesinar a la juventud producto de la marginalidad no solo no es posible (son el 60%) de la población, sino contraproducente, porque por cada joven asesinado en “intercambios de disparos” surgen cien, con el tácito apoyo del resto de las víctimas.  Es una guerra que la policía no puede ganar, y que no queremos que gane.

¿Qué hacer para contribuir a cambiar esa cultura de marginalidad? ¿Para contribuir con nuestro reconocimiento de la creatividad popular, no importa su contenido actual, a importantizar a los y las autores y al hacerlo devolverles un poco de humanidad, otra posibilidad de creación, hacerles ver la inmensa responsabilidad que tienen como forjadores de los valores y actitudes de la mayoría de la juventud del país?

Ignoro si ACROARTE se ha formulado estas preguntas, pero si no lo ha hecho este es el momento de comenzar, porque el poder acumulado que tiene por su acceso y presencia e los medios trae consigo una gran responsabilidad, la de contribuir a la dignificación de la juventud dominicana, al rescate de su humanidad y posiblemente a la preservación de su vida, dada la guerra civil soterrada que existe entre la juventud marginal y el país que los excluye. De ello hablaremos en un próximo articulo.

El Nacional

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