El martirio persigue a los que habitan este tórrido pedazo del Caribe, desde que unos sifilíticos europeos dijeron habernos descubierto, pese a que con asombro los nativos ya lo habían avistado. Conocieron el engaño al recibir espejitos a cambio de un reluciente metal, que unos cinco siglos después, y resultado de la conferencia de Bretton Woods (1944), sería el patrón del sistema monetario.
Mitómanos, rasputines, alcapones, crápulas letradas innombrables, émulos de corsarios y piratas, nos han sometido sin piedad a férreas dictaduras y pseudo democracias.
El 25 de septiembre de 1963, la oligarquía y sus padrinos imperiales aniquilaron de un zarpazo el primer ensayo democrático, luego de 31 años de tiranía, y este 20 de mayo insistimos en validar el método.
La gran división de la sociedad se expresará a través de 6 millones 502 mil 968 electores, y la mayoría será nueva vez burlada por la partidocracia y sus edulcorados candidatos a ocupar el Palacio Nacional.
Sólo la estulticia puede abonar la idea ilusoria de que en tan adversas circunstancias, hijas de un sistema político y electoral excluyente, podrían brotar la justicia social, económica y política.
Hoy competirán dos opciones del sistema, procedentes del mismo tronco burgués liberal, que han evolucionado hacia la derechización para garantizar el inmovilismo.
Al sufragio le ha precedido una campaña electoral rastrera, teñida por la mentira, el clientelismo y el despilfarro de los recursos públicos, calculados tímidamente en unos 4 mil 500 millones de pesos.
Este domingo el votante acudirá a la urna condicionado por el bipartidismo y la polarización electoral inducida. No obstante, su voluntad debe se respetada; de lo contrario, tendremos una crisis política.

