Los halcones del imperio han considerado siempre que las relaciones de la Casa Blanca con los representantes de otros Estados deben establecerse sobre la base de que los demás se subordinen a su poder.
Los gobiernos aliados no pasan de ser peones de su estrategia imperialista y así lo hacen constar como muestra de su poder hegemónico. Sólo hay que examinar la guerra en Irak-Afganistán.
A los que pretenden salirse del redil de la subordinación les pasan la cuenta. A Trujillo le separaron la cabeza del tronco, al gobernar sólo para su beneficio particular, en claro desafío al imperio.
El ex general Manuel Antonio Noriega, después de servir como agente de la CIA, hizo amagos de libre pensador y fue derrocado, secuestrado y encerrado por diecisiete años en una cárcel de Estados Unidos.
Ahora Cara de Piña enfrenta una condena de 10 años de reclusión en Francia por lavado de dinero. Antes la acusación había sido por narcotráfico, pese a ser amiguito de George Bush.
Pero ese no es el pecado, porque Ronald Reagan, Oliver North y la CIA protagonizaron el escándalo del tráfico de drogas conocido como Irán-Contra y nada pasó, porque lo que cuenta es la insubordinación.
Es tan cierta la falta de ética y la hipocresía en la lucha contra el delito del narcotráfico, que luego North terminó siendo un gran patriota y exitoso comentarista de la Fox News en EEUU.
El imperio no conoce de escrúpulos. Recuérdese cuando Bobby Kennedy, durante la administración de su hermano John F. Kennedy, habló con jefes de la mafia para discutir la estrategia de como matar a Fidel Castro.
Sabemos que los aliados del imperio pueden ser capos del narcotráfico sin ser tocados, mientras sigan siendo sus fieles lacayos. El mejor ejemplo es Álvaro Uribe, el hijo de Alberto Uribe Sierra.

