Opinión

CATALEJO

CATALEJO

De lo que menos hemos disfrutado, desde la decapitación de la tiranía de Trujillo, es de democracia. Desde entonces, padecemos gobiernos ilegítimos, represivos y corruptos.

El país ha visto desfilar por el Palacio Nacional al Consejo de Estado, Triunvirato y a Balaguer durante 12 años contínuos; luego Antonio Guzmán; Jacobo Majluta, por 43 días, y a Salvador Jorge Blanco.

Como una maldición gitana, de nuevo Balaguer por 10 años seguidos. Con el apoyo de éste, y como relevo, Leonel Fernández, para luego el PRD retornar al poder con Hipólito Mejía.

Para un castigo a lo Torquemada, vuelve Leonel Fernández por dos períodos consecutivos… y entrega la antorcha a Danilo Medina.

Dos gobiernos estuvieron inspirados en el sentimiento popular: el de Juan Bosch, en 1963, y el del coronel Francisco A. Caamaño Deñó, en 1965. Ambos aplastados por EEUU.

No hemos tenido democracia, sino partidocracia. Es decir, élites políticas que deciden por los ciudadanos. Grupos de forajidos que buscan afanosamente su propio beneficio pecuniario.

El pueblo no cuenta, sino los intereses de los que desgobiernan. Lo que apreciamos en la lucha política, es, en realidad, disputas entre corporaciones corruptas, que se mantienen en el poder “cueste lo que cueste”.

Los electores son usados como tontos útiles… carne de cañón. Pasados los comicios, sólo reciben más impuestos y la peor indiferencia de esa envilecida cúpula gobernante.   

Los ciudadanos honestos son rechazados para los puestos públicos y les impiden su ascenso a esa cúpula partidocrática. De lograrlo, estarían rodeados de los peores malhechores.

Estamos a punto de reeditar la misma historia de represión, nepotismo, corrupción, inequidad, exclusión, impunidad… propia del capitalismo salvaje.

El Nacional

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