En la sociedad, sin importar los índices de desarrollo humano, habrá siempre cierta incidencia de conflictos conyugales, divorcios y separaciones de uniones consensuales.
Deben interpretarse como resultados de las insatisfacciones humanas insalvables en la relación de pareja. Cuentan otros factores cuando las rupturas se acompañan de violencia.
El feminicidio no está cortejado solo por la conducta machista, misógina, androcentrista y sociopática del victimario, quien es en gran medida producto de un sistema socioeconómico y político opresor.
Deben valorarse como causas precipitantes de la violencia contra la mujer, la infidelidad conyugal, hedonismo, prostitución y pornografía femenina, masculina e infantil.
También el narcotráfico, drogodependencia; alcoholismo y celopatía; esquizofrenia, neurosis y trastorno bipolar; juegos de azar y ludopatía; así como trata de personas. La epilepsia con sus episodios de irritabilidad e impulsividad; evocados por la ingestión de alcohol y otras drogas.
La violencia no sólo afecta a la mujer, también toca a la familia y a la sociedad. Los victimarios, en un porcentaje significativo, suelen asimismo asesinar a sus vástagos y suicidarse.
Si no se frena la violencia de género, el término masculinicidio también cobrará vigencia. Ya muchos hombres mueren de manos de sus compañeras o ex compañeras o por encargo de éstas.
Se le sirve un flaco servicio a la lucha contra la violencia sembrando el odio de género. La fidelidad, el amor y la solidaridad son buenos antídotos contra ese mal.
Conscientes de que son los factores económicos, sociales, políticos e ideológicos las principales causas del feminicidio, debemos entonces dar pasos firmes para cambiar la sociedad.

