Con un esfuerzo sistemático el Gobierno ha logrado apagar la mecha del barril de pólvora. La campaña de control psicológico masivo ha impedido que la crisis económico-social se desborde con acciones de masas.
La guerra psicológica y de cuarta generación, la planificación propagandística para direccionar conductas masivas, control político-social, han tenido éxito, a tal punto que pocos protestan.
Han condicionado la opinión pública, empleando el desarrollo tecnológico e informático de la era de las comunicaciones, la globalización del mensaje y la manipulación informativa.
El propósito es contener la insurgencia de los insatisfechos. Pagan mucho dinero a bocinas que insisten de forma permanente en magnificar los aspectos positivos del gobierno y minimizar u ocultar los negativos.
Se pueden percibir los bombardeos mediáticos para destruir el pensamiento reflexivo y provocar una alienación controlada. Trabajan para manipular la conciencia, deseos y temores inconscientes.
Existe un ejército invisible que apunta a la cabeza de cada uno de nosotros con información manipulada por medio de la palabra, imágenes y mensajes textuales, apoyándose en ocasiones en líderes con roles relevantes.
Han desarrollado una red de comunicadores que sirve de instrumento para ello, gente incondicional a esos intereses, la cual está formada ideológicamente para evitar que el país salga de su control.
La corrupción, ineficiencia e indolencia que muestra el Gobierno no genera una respuesta de masa de desaprobación. Desde el Poder se ha logrado adormecer y desactivarla con efectividad.
Cierto, la manipulación psicológica e informacional puede contener las acciones de masas pero sólo por un tiempo, luego todo se desploma estrepitosamente.

