Ya uno no sabe qué pensar. Algunos sostienen que Diógenes murió de forma insólita: conteniendo el aliento; otros, que fue de una mordedura de perro; los más, que se intoxicó con carne de pulpo cruda.
Fue un hombre cautivante, porque no tenía pelos en la lengua y decía las cosas tal como las pensaba, sin importar las consecuencias. Por eso pienso que lo asesinaron.
A quienes lo compadecían por haber sido desterrado de su natal Sínope, hoy Turquía, les respondió: Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse.
Cierto día, al observar cómo unos sacerdotes llevaban detenido a un sacristán que había robado un copón, exclamó: Los grandes ladrones han apresado al pequeño.
Por su cinismo y constantes burlas, que molestaban a muchos, creo que Diógenes no murió de forma natural. Imagínense, se atrevió a desagradar al mismísimo Alejandro Magno.
¿Hay algo que pueda hacer por ti?, le preguntó Alejandro Magno. Diógenes le respondió con su acostumbrado cinismo: Sí, correrte; me estás tapando el sol.
Diógenes pudo haber sido mandado a asesinar por sofistas y teóricos, de quienes decía que se ocupaban de hacer valer la verdad y no de practicarla.
A propósito de Diógenes el cínico, ¿será cierto que los actos de corrupción conocidos en República Dominicana en los últimos 10 años han resultado en la malversación de unos 2,900 millones de dólares?
Hotoniel el ingenuo asegura, que el 95 por ciento de los casos de corrupción hechos públicos permanecen impunes, debido a que la justicia no aplica la ley a todos los acusados por igual.
Y Subero Isa el sordo, defiende a sus jueces y echa la cuaba a los fiscales, mientras el espíritu de Diógenes deambula con su lámpara por República Dominicana buscando un hombre honesto en pleno mediodía.

