Pendiente enjabonada
Las instituciones que conforman las superestructuras de la sociedad, como son el Congreso Nacional, el Poder Judicial y el Ejecutivo no aguantan más deterioro y descrédito ante los ojos de todos.
Desde los tres poderes del Estado se conspira de forma constante y se actúa abiertamente contra la nación. Ya no se ocultan sus maquinaciones ni sus perversidades.
La Asamblea Revisora de la Constitución es un buen ejemplo del contubernio malicioso entre el Ejecutivo y el Legislativo; entre el partido oficialista y la oposición light.
La gangrena gaseosa es incontenible. Al escándalo de las mafias policiales y el secuestro del joven Eduardo Baldera Gómez, le precedió el caso Paya y el préstamo ilegal de los 130 millones de dólares de la Sun Land de parte del Ejecutivo.
La democracia representativa de lo peor, no aguanta más remiendos. La clase gobernante no sabe que hacer para detener la precipitación del sistema, en esa pendiente enjabonada de la corrupción generalizada y el cualquierismo institucional.
Lo que hace falta para salir de todo eso y producir los necesarios cambios estructurales que demanda la sociedad, es un fuerte liderazgo nacional y un pueblo organizado dispuesto a luchar más allá de las reivindicaciones economicistas.
Decía Antonio Gramsci, que el capitalismo y sus sustentadores jamás se derrumban solos, sino que
¡hay que derrocarlo!. Pero para eso, hace falta un sujeto organizado que sea activo, que no espere pasivamente la crisis, como quien espera que el mango gotee.
¿Cómo puede intervenir el sujeto? Políticamente. Pero la intervención política no se realiza «en el aire», sino a partir de determinadas relaciones de poder, de fuerzas, y una certera orientación política. ¡Sin politiqueros!
